Una maldita meningitis se ha llevado hoy a Soraya. Tenía sólo 34 años. La vida es muy injusta. No debería haber muerto una buena persona como Soraya cuando hay por ahí tanto indeseable suelto. No hay consuelo para nadie. Y menos para ti, Miguel. Recuerdo perfectamente como la conociste, porque yo estaba allí contigo. Debió ser por el año 94 o 95. Maribel nos había prometido unas invitaciones para ver a Manu Chao. Pero en el último minuto apareció Soraya y se fué con ella. La pusimos a parir, ¿te acuerdas?. ¿Quién iba a decir entonces que poco tiempo después se convertiría en la mujer de tu vida?. La vida es injusta a veces, sí. E irónica como ella sola. Esta mañana, cuando entraba en el hospital veía salir bebés recién nacidos, mientras a Soraya la llevaban al mortuorio. El mismo papelito amarillo que certificaba el nacimiento de mi hijo hace tres meses, es el mismo papelito amarillo que te han dado a ti, Miguel, para certificar el fallecimiento de Soraya. Estamos todos muy tristes pero sabes que estaremos cerca tuya para lo que necesites. Un abrazo muy fuerte.
"Information is not knowledge. Knowledge is not wisdom. Wisdom is not truth. Truth is not beauty. Beauty is not love. Love is not music. Music is the best." (Packard Goose, Joe's Garage, Frank Zappa 1979)
viernes, 2 de enero de 2009
En memoria de Soraya
Una maldita meningitis se ha llevado hoy a Soraya. Tenía sólo 34 años. La vida es muy injusta. No debería haber muerto una buena persona como Soraya cuando hay por ahí tanto indeseable suelto. No hay consuelo para nadie. Y menos para ti, Miguel. Recuerdo perfectamente como la conociste, porque yo estaba allí contigo. Debió ser por el año 94 o 95. Maribel nos había prometido unas invitaciones para ver a Manu Chao. Pero en el último minuto apareció Soraya y se fué con ella. La pusimos a parir, ¿te acuerdas?. ¿Quién iba a decir entonces que poco tiempo después se convertiría en la mujer de tu vida?. La vida es injusta a veces, sí. E irónica como ella sola. Esta mañana, cuando entraba en el hospital veía salir bebés recién nacidos, mientras a Soraya la llevaban al mortuorio. El mismo papelito amarillo que certificaba el nacimiento de mi hijo hace tres meses, es el mismo papelito amarillo que te han dado a ti, Miguel, para certificar el fallecimiento de Soraya. Estamos todos muy tristes pero sabes que estaremos cerca tuya para lo que necesites. Un abrazo muy fuerte.
viernes, 5 de diciembre de 2008
15 Años sin el maestro

Hizo ayer 15 años que un cáncer de próstata se llevó al posiblemente más grande músico del siglo XX. Sirva como homenaje el recordatorio de cómo lo descubrí y cómo lo sigo disfrutando hasta la fecha.
Corría el año 1988 cuando Juanjo, amigo del instituto, me habló de que había grabado en video un concierto de Frank Zappa que echaron por la tele. Juanjo es de fiar. En esos tiempos descubría muy buena música gracias a él. Pero su falta de efusividad sobre el video hizo que no me interesara demasiado. Me contaba que “la banda suena muy bien” pero que “los temas son muy raros” y además “se pone a dirigir la banda como si fuera un director de orquesta, con batuta y todo”. En fin, que pasó sin pena ni gloria. Sólo de pensar que en esas mismas fechas tocó también en Sevilla y que perdí la oportunidad…me tiro de los pelos.
Tuvieron que pasar al menos dos años hasta que llegó a mis manos material de Zappa. Mi amigo Joaquín, que empezaba entonces a interesarse por tocar la guitarra, me pasó un casete con dos discos: “Apostrophe” y “Overnite Sensation”. Recuerdo que escuchaba la cinta en las tardes de estudio y algo empezó a cosquillearme en el estómago. Tuve que dejar de escucharla mientras estudiaba; “Camarillo Brillo” no paraba de rondarme por la cabeza. Algún tiempo después me pasó un doble vinilo repleto de solos de guitarra. Nunca había visto ni escuchado nada así. Me llamó mucho la atención el título de las canciones; cosas como “But Who Was Fulcanelli?” o “Where We Ever Really Safe in San Antonio?”. No fue hasta mucho después que descubrí que en realidad se trataba de fragmentos de canciones cuyo título original no tenía nada que ver. Me resultaba duro escuchar un doble así, pero algo me hacía escucharlo una y otra vez. Este fue sin duda el punto de inflexión, pues al poco sentí la necesidad imperiosa de ir a la tienda de discos a por más. También debió ser por esta época que me enteré de la noticia del fallecimiento del maestro. Recuerdo haber escuchado algún especial en la radio. En Radio 3, supongo.
Así que me planté en la añorada Sevilla Rock, me fui a la “F” de “Frank” y empecé a ojear un montón de CDs con unas portadas la mar de originales. No tenía ninguna referencia y tuve que arriesgarme. Y el riesgo suele ser menor con una grabación en directo, así que el destino me llevó al “Bongo Fury”, a pesar de que la portada probablemente era la más horrenda de todas. La escucha en casa me confirmó que había acertado en la compra. “Carolina Hardcore Ecstasy” me enganchó desde la primera escucha, y eso que aún no sabía de qué iban las letras. Más, necesito más, y no pasó mucho tiempo hasta que volví a la tienda y me agencié “Cruising with Ruben & The Jets”. Tras la primera escucha me dije…¿qué tomadura de pelo es ésta?, por momentos pensé que no era un disco de Zappa sino de unos tal Ruben & The Jets de los años 50. No escarmentado con ello volví a la tienda y esta vez me llevé el “Weasels Ripped My Flesh”, ya en la edición de Rykodisc, con su cajita verde muy chula. Esto ya era otra cosa, aunque en principio me resultó también duro de escuchar. Ya estaba totalmente enganchado y el mono por conseguir más material era cada vez mayor. ¡Cuántas veces tuve en mis manos el hoy casi ilocalizable “Civilization Phaze III” y nunca me atreví a comprarlo!.
El primer doble que compré, “The Best Band You Never Heard in Your Life”, me emocionó de verdad. El título lo decía todo. Nunca había escuchado una banda tan tremenda y sigue siendo así hasta la fecha. Fue tal el impacto, que no paré hasta conseguir “Broadway The Hard Way” y “Make a Jazz Noise Here”, ambos de la misma gira. Particularmente siempre me han gustado las grabaciones de conciertos enteros, con una misma banda y en una misma localidad. Nadie como Zappa para tocarme los cojones en ese aspecto, sobre todo en la serie de 6 dobles YCDTOSA. Ya por entonces descubrí que incluso resultaba más barato comprar los discos directamente por correo a Rykodisc, y así fueron llegando varios directamente de Londres a mi buzón. Fue por esta época cuando conocí a mi gran amigo Iván, también zappiano hasta la médula, que me prestó muchos discos del bigotes y hacíamos pedidos conjuntos para compartir gastos.
Con la llegada de internet y el descubrimiento de El Tercer Poder (la biblia de Zappa en español), la obra de Zappa adquirió para mi una dimensión inigualable por nada o nadie de lo que había escuchado. Poco a poco fueron cayendo todos sus discos y hasta la fecha todavía me faltan por conseguir una decena de sus títulos. En una obra tan descomunal encuentras de todo y a veces resulta difícil saber dónde termina el genio y comienza la farsa. En una ocasión me pilló mi hermano in fraganti escuchando "The Chrome Plated Megaphone of Destiny". Me preguntó, textualmente, ¿esto que suena es así o es que está estropeado el disco?. Pero me gusta. Y tengo tanto que descubrir todavía que me resulta emocionante. Comparado con algunos tipos que conozco (virtualmente) no soy más que un aficionado. Además están los herederos de su legado, que hacen lo posible por explotar el filón, publicando periódicamente nuevos títulos con más o menos acierto.
Bueno, como todo lo que diga de este hombre es poco, voy a finalizar. ¿Qué hubiera podido hacer este hombre con una herramienta como internet en sus manos?. Una pena que no siga entre nosotros.
domingo, 23 de noviembre de 2008
Five Peace Band, Málaga 17/11/2008
Teatro Cervantes. 23 Festival Internacional de Jazz
John McLaughlin: Guitarra
Christian McBride: Bajo
Kenny Garrett: Saxo
Vinnie Colaiuta: Batería
Por enésima vez toca viaje relámpago a Málaga para no perdernos un evento irrepetible (mayores barbaridades hemos hecho). En esta ocasión se trataba del nuevo proyecto de Chick Corea con John McLaughlin denominado Five Peace Band. Esto es, los dos maestros secundados por los no menos maestros Kenny Garrett al saxo, un sobradísimo Christian McBride al bajo, y el terror de las catholic girls el gran Vinnie “toco_con_quien_haga_falta” Colaiuta a la batería.
Comienza el set en plan acústico con Corea y McLaughlin interpretando a dúo el standard “Some Day My Prince Will Come”. Aquí empezamos a percibir trazos de lo que con posterioridad se desarrollará ampliamente. Y digo a percibir, que no ver, porque desde mi posición me daban la espalda. Afortunadamente solo fue el principio. Inmediatamente sale el resto de la banda e inician una enérgica composición de McLaughlin denominada “Raju”. La mano derecha de John vuela punteando las cuerdas, McBride se ha colgado un bajo eléctrico y nos da una idea de lo que sería capaz de hacer en una banda de rock, Garrett se asoma de vez en cuando y deja claro que podría ser quien manda si él quisiera y Colaiuta desconcierta a cualquiera que no lo conozca sobre si lo suyo es el jazz o el rock. A continuación se presenta “The Disguise”, una composición de Corea especialmente para esta banda, mucho más relajada que el tema anterior y donde Corea toma más protagonismo, aunque no excesivo. De hecho diría que en todo concierto es el que menos se prodiga en su instrumento. Sin prisa pero sin pausa viene ahora otra composición de McLaughlin “New Blues Old Bruise” que nos conduce a la joya de la noche: la suite “Hymn to Andromeda” de Chick Corea (le tocaba el turno, claro). Un tema éste en varios movimientos que pasan por distintos estilos y que, sin conocerlo, al finalizar algo te dice que has escuchado algo muy grande. Habrá que revisitarlo en algún bootleg que haya por ahí. Entre bromas presentan e interpretan ahora un blues de Jackie McLean denominado “Dr. Jackle” donde McBride y Garrett literalmente se salen, para finalizar el set con “Señor C.S.”, de McLaughlin y perteneciente al álbum “Industrial Zen”, al igual que la anterior “New Blues Old Bruise”.
Tras esta pieza, se despide la 5PB para volver con un muy breve bis, donde interpretan el clásico “It’s About That Time” de Miles Davis (me consta que en otras ciudades han tocado la pieza con “In a Silent Way”), pero se ve que iban con prisas, aunque el concierto ha pasado de las dos horas. Y dos horas precisamente es lo que nos queda de camino de vuelta a Sevilla, así que no perdemos mucho tiempo, el justo para comentar el concierto con el amigo liZtero José Luis a quien tuve el placer de conocer junto a su pareja. Una saludo JL, y espero que volvamos a coincidir en otro sarao de estos.
Comienza el set en plan acústico con Corea y McLaughlin interpretando a dúo el standard “Some Day My Prince Will Come”. Aquí empezamos a percibir trazos de lo que con posterioridad se desarrollará ampliamente. Y digo a percibir, que no ver, porque desde mi posición me daban la espalda. Afortunadamente solo fue el principio. Inmediatamente sale el resto de la banda e inician una enérgica composición de McLaughlin denominada “Raju”. La mano derecha de John vuela punteando las cuerdas, McBride se ha colgado un bajo eléctrico y nos da una idea de lo que sería capaz de hacer en una banda de rock, Garrett se asoma de vez en cuando y deja claro que podría ser quien manda si él quisiera y Colaiuta desconcierta a cualquiera que no lo conozca sobre si lo suyo es el jazz o el rock. A continuación se presenta “The Disguise”, una composición de Corea especialmente para esta banda, mucho más relajada que el tema anterior y donde Corea toma más protagonismo, aunque no excesivo. De hecho diría que en todo concierto es el que menos se prodiga en su instrumento. Sin prisa pero sin pausa viene ahora otra composición de McLaughlin “New Blues Old Bruise” que nos conduce a la joya de la noche: la suite “Hymn to Andromeda” de Chick Corea (le tocaba el turno, claro). Un tema éste en varios movimientos que pasan por distintos estilos y que, sin conocerlo, al finalizar algo te dice que has escuchado algo muy grande. Habrá que revisitarlo en algún bootleg que haya por ahí. Entre bromas presentan e interpretan ahora un blues de Jackie McLean denominado “Dr. Jackle” donde McBride y Garrett literalmente se salen, para finalizar el set con “Señor C.S.”, de McLaughlin y perteneciente al álbum “Industrial Zen”, al igual que la anterior “New Blues Old Bruise”.
Tras esta pieza, se despide la 5PB para volver con un muy breve bis, donde interpretan el clásico “It’s About That Time” de Miles Davis (me consta que en otras ciudades han tocado la pieza con “In a Silent Way”), pero se ve que iban con prisas, aunque el concierto ha pasado de las dos horas. Y dos horas precisamente es lo que nos queda de camino de vuelta a Sevilla, así que no perdemos mucho tiempo, el justo para comentar el concierto con el amigo liZtero José Luis a quien tuve el placer de conocer junto a su pareja. Una saludo JL, y espero que volvamos a coincidir en otro sarao de estos.
domingo, 2 de noviembre de 2008
Herbie Hancock, Sevilla 01/11/2008
Teatro de la Maestranza. Ciclo Grandes Intérpretes
Herbie Hancock: Piano, Teclados
James Genus: Bajo
Lionel Loueke: Guitarra, Voz
Gregoire Maret: Armónica
Kendrick Scott: Batería
Un año más, es el mes de noviembre cuando tenemos la oportunidad los sevillanos de ver figuras del jazz de primer orden, aún cuando el programa de los teatros Maestranza y Central están habitualmente lejos de la calidad y cantidad del vecino Teatro Cervantes malagueño, al menos en cuanto a jazz se refiere.
Aunque asegura que ha tocado en Sevilla tres o cuatro veces, es la primera vez que tengo la oportunidad de ver a Herbie Hancock. Se presentaba en el moderno y hermoso Teatro de la Maestranza con una formación poco usual, por la inclusión del armonicista Gregoire Maret, el cual tuvo el mayor protagonismo de cuantos músicos pisaban el escenario, incluido el propio Herbie. Ya lo conocía de haberlo visto en el Pat Metheny Group, mas del resto de componentes de la banda no tenía ninguna referencia.
El repertorio fue breve en cuanto a número de temas pero no así en cuanto a la duración del show, que si no me equivoco se alargó hasta las dos horas y media. H.H. comunica mucho con el público y con bastante sentido del humor, aunque los chistes a menudo sean más bien malos. Parece que el nivel de inglés de la audiencia era bastante aceptable, ya que reían las gracias en el momento oportuno. Comenzó el set con “Actual Proof”, de los tiempos de Head Hunters, dando la impresión de que que el repertorio iba en la línea funky. La cosa se calmó un poco continuando con “Speak Like a Child”, de su etapa con Miles Davis, y una composición al parecer de Wayne Shorter titulada “V” (de “Visitor” como bromeaba Hancock). En este primer tercio del concierto ya pudimos recrearnos en varias ocasiones con el virtuosismo de Gregoire Maret. Tocar un instrumento como la armónica cromática es poco agradecido en cuanto a las poses que obligaba adoptar a nuestro amigo. Por otra parte uno no puede evitar en ciertos momentos pensar en el “afilaor” del barrio.
A continuación se presenta una composición del guitarrista Lionel Loueke, denominada “Seven Teens” y que tiene su gracia en el título pues es una compleja composición en 17/4. No acaba aquí su protagonismo pues continúa con una pieza en principio improvisada donde también improvisa en la voz al más puro estilo Mike Patton. Es el turno ahora de Hancock sólo al piano en una pieza también improvisada creo. Hasta aquí el grueso del concierto, poco uniforme en cuanto a estilos y composiciones, pero lo suficientemente agradable como para que hayan pasado casi dos horas sin darnos cuenta.
Y de pronto el riff que todo el mundo reconoce. El superhit que han popularizado US3 y varios anuncios de televisión: Cantaloupe Island. Esto es apostar a caballo ganador, ya lo sé, pero me da igual. Me hubiera ido del concierto insatisfecho si no la hubiesen tocado. Es de estas canciones que podría estar sonando 30 minutos ininterrumpidamente y no me cansaría de ella. Se despiden de la audiencia, no sin antes dejar programada la intro del tema que sonaría como bis y fin del concierto: la también previsible Chameleon. Aparece Hancock con uno de esos teclados colgados que usan los teclistas para sentirse guitarristas por unos minutos. Empezamos con funky y terminamos igual. Con una sucesión de (innecesarios) “duelos” entre Hancock y el resto de instrumentistas llegamos al fin de la velada. Hasta la próxima ocasión, con otra banda distinta a buen seguro. Satisfecho.
Herbie Hancock: Piano, Teclados

James Genus: Bajo
Lionel Loueke: Guitarra, Voz
Gregoire Maret: Armónica
Kendrick Scott: Batería
Un año más, es el mes de noviembre cuando tenemos la oportunidad los sevillanos de ver figuras del jazz de primer orden, aún cuando el programa de los teatros Maestranza y Central están habitualmente lejos de la calidad y cantidad del vecino Teatro Cervantes malagueño, al menos en cuanto a jazz se refiere.
Aunque asegura que ha tocado en Sevilla tres o cuatro veces, es la primera vez que tengo la oportunidad de ver a Herbie Hancock. Se presentaba en el moderno y hermoso Teatro de la Maestranza con una formación poco usual, por la inclusión del armonicista Gregoire Maret, el cual tuvo el mayor protagonismo de cuantos músicos pisaban el escenario, incluido el propio Herbie. Ya lo conocía de haberlo visto en el Pat Metheny Group, mas del resto de componentes de la banda no tenía ninguna referencia.
El repertorio fue breve en cuanto a número de temas pero no así en cuanto a la duración del show, que si no me equivoco se alargó hasta las dos horas y media. H.H. comunica mucho con el público y con bastante sentido del humor, aunque los chistes a menudo sean más bien malos. Parece que el nivel de inglés de la audiencia era bastante aceptable, ya que reían las gracias en el momento oportuno. Comenzó el set con “Actual Proof”, de los tiempos de Head Hunters, dando la impresión de que que el repertorio iba en la línea funky. La cosa se calmó un poco continuando con “Speak Like a Child”, de su etapa con Miles Davis, y una composición al parecer de Wayne Shorter titulada “V” (de “Visitor” como bromeaba Hancock). En este primer tercio del concierto ya pudimos recrearnos en varias ocasiones con el virtuosismo de Gregoire Maret. Tocar un instrumento como la armónica cromática es poco agradecido en cuanto a las poses que obligaba adoptar a nuestro amigo. Por otra parte uno no puede evitar en ciertos momentos pensar en el “afilaor” del barrio.
A continuación se presenta una composición del guitarrista Lionel Loueke, denominada “Seven Teens” y que tiene su gracia en el título pues es una compleja composición en 17/4. No acaba aquí su protagonismo pues continúa con una pieza en principio improvisada donde también improvisa en la voz al más puro estilo Mike Patton. Es el turno ahora de Hancock sólo al piano en una pieza también improvisada creo. Hasta aquí el grueso del concierto, poco uniforme en cuanto a estilos y composiciones, pero lo suficientemente agradable como para que hayan pasado casi dos horas sin darnos cuenta.
Y de pronto el riff que todo el mundo reconoce. El superhit que han popularizado US3 y varios anuncios de televisión: Cantaloupe Island. Esto es apostar a caballo ganador, ya lo sé, pero me da igual. Me hubiera ido del concierto insatisfecho si no la hubiesen tocado. Es de estas canciones que podría estar sonando 30 minutos ininterrumpidamente y no me cansaría de ella. Se despiden de la audiencia, no sin antes dejar programada la intro del tema que sonaría como bis y fin del concierto: la también previsible Chameleon. Aparece Hancock con uno de esos teclados colgados que usan los teclistas para sentirse guitarristas por unos minutos. Empezamos con funky y terminamos igual. Con una sucesión de (innecesarios) “duelos” entre Hancock y el resto de instrumentistas llegamos al fin de la velada. Hasta la próxima ocasión, con otra banda distinta a buen seguro. Satisfecho.
jueves, 4 de septiembre de 2008
El fin de las entradas en papel

Acabo de leer una noticia en la que dice que Tom Waits ha puesto en marcha un sistema de venta de entradas en el que se prescinde del soporte físico en papel. La idea es tan simple como que compras tu entrada con la fórmula habitual (Internet o teléfono) y en ningún momento obtienes un ticket en papel, sino que una vez en el recinto del concierto te acreditas con tu DNI y la tarjeta de crédito con la que hiciste la compra. El objeto, según dicen, es acabar con la reventa, pero el sistema obliga a que debe ser el comprador el beneficiario de la entrada, es decir, no puedes regalarla o comprársela a alguien. Además si no tienes tarjeta de crédito no puedes comprar una entrada. Yo, por principio, nunca compraría una entrada de reventa, y el sistema particularmente me parece un giro de tuerca más hacia la extinción definitiva de uno de mis fetiches favoritos: las entradas de los conciertos.
La degeneración que han sufrido esos entrañables trozos de papel es lamentable. Entiendo y agradezco que las nuevas tecnologías nos permitan comprar desde la comodidad de nuestra casa la entrada para un evento en la otra punta del mundo, sin necesidad de desplazamientos ni colas. Además por lo general recibes tu entrada por correo ordinario o bien te desplazas a recogerla a los expendedores automáticos cuando te venga en gana. Hasta ahí todo perfecto. Lo triste es cuando tu ticket consiste en un miserable trozo de papel con la sosa impresión de los datos del concierto. Impresión en una tinta que además con el tiempo suele degradarse hasta desaparecer. Son particularmente horrendas las entradas adquiridas a través de Servicaixa y alcanza el grado máximo de cutrerío una entrada adquirida vía cajero de Unicaja (tu entrada no se diferencia en nada de un comprobante de saldo).
Otro asunto indignante es lo de los “gastos de gestión”. Entiendo que hay que pagar por la comodidad del servicio, lo que no entiendo es por qué una entrada de 22€ tiene 2€ de recargo de distribución y en una entrada de 78€ los gastos ascienden a 8€, además siendo el mismo distribuidor y evento. ¿Qué pasa?...¿que el sistema informático de venta es más complejo en las entradas más caras?. Lo que son unos sinvergüenzas con un morro que se lo pisan.
Y ahora es cuando me pongo nostálgico. Conservo el 99.9% de las entradas de conciertos a los que he asistido. Las tengo plastificadas para mejorar la conservación, y aunque no dispongo de un álbum adecuado para ojearlas, las tengo medianamente bien clasificaditas y me encanta verlas de vez en cuando (también las escaneé todas cuando me regalaron la impresora multifunción). Hay algunas que son bonitas de verdad; con todo ese colorido, el troquelado de autenticación, el sello holográfico. Vamos, que comparado con lo que se despacha hoy día, se te caen dos lagrimones. Pero en fin, es el progreso, y la reducción de costes (para ellos, claro), y el medioambiente, y todo eso.
sábado, 16 de agosto de 2008
Blogs
Hace poco más de cuatro meses que publiqué la primera entrada. Como digo en la cabecera del blog, la intención era tener un lugar donde recopilar algunas cosillas que escribía de vez en cuando, y que habitualmente enviaba por email a los más allegados. Estos email acababa perdiéndolos, habitualmente por causas ajenas a mi voluntad, y la verdad es que me resultaba muy triste. Como se puede comprobar casi todas las entradas se refieren a crónicas de conciertos a los que he podido asistir. Me gusta escribir estas crónicas, porque son un ejercicio de memoria fantástico, sobre todo aquellas que se refieren a eventos que ya pasaron hace mucho tiempo. Resulta gratificante recordar los detalles, rescatarlos de ese recóndito rincón del cerebro condenados a la extinción, y salvaguardarlos por escrito para la posteridad (eso espero). Cierto es que me apoyo en documentos gráficos propios y ajenos, a los que recurro vía internet, pero sobre todo son cosas que saco escarbando en la memoria. Lo cierto es que me enrollo bastante, y cuando me quiero dar cuenta llevo escritas un montón de líneas, pero es que soy un enfermo de los detalles, y me cuesta renunciar a algo. A la satisfacción propia de releer lo escrito, se une la aportación de gente que de una forma u otra ha compartido contigo esa historia y venciendo la posible timidez, dejan algún comentario que enriquece el contenido con otros puntos de vista.
La verdad es que esto de los blogs es maravilloso. Hasta ahora sólo las vacas sagradas podían hacer una reseña de un concierto, o escribir una crítica de un disco. Sin embargo ahora tenemos el marco apropiado para que cada uno de nosotros, de una manera más o menos pública y alcanzando a un público más o menos extenso, podamos expresar nuestras impresiones y experiencias. Además son opiniones escritas desde el corazón y sin ningún tipo de condicionamiento editorial o motivación económica, por lo que considero que la sinceridad y veracidad es real.
Lo peor de todo esto de los blogs, es que no puedo dedicarle el tiempo que quisiera. Y no lo digo por el volumen de entradas que publico, ya que no me autoimpongo ninguna obligación ni me siento presionado por escribir cosas y tener algo nuevo que ofrecer. Lo digo porque hay cantidad de blogs interesantes, de gente que escribe muy bien y son auténticas enciclopedias musicales. Gente que comparte sus experiencias igual que yo y me resulta gratificante leerlas, reseñas a las que además me gustaría aportar mi granito de arena con algún comentario. Y además tienen la “mala” costumbre de dejar señalado quienes son sus blogs favoritos, para que entres en ellos y continuamente descubras espacios que te gustaría ojear a diario. Ya no puedo incluir a más en mi lista de favoritos. No doy abasto.
En definitiva, que me parece fantástico disponer de herramientas gratuitas y alcance de todos, sea cual sea su nivel técnico, para compartir experiencias con el resto del mundo.
La verdad es que esto de los blogs es maravilloso. Hasta ahora sólo las vacas sagradas podían hacer una reseña de un concierto, o escribir una crítica de un disco. Sin embargo ahora tenemos el marco apropiado para que cada uno de nosotros, de una manera más o menos pública y alcanzando a un público más o menos extenso, podamos expresar nuestras impresiones y experiencias. Además son opiniones escritas desde el corazón y sin ningún tipo de condicionamiento editorial o motivación económica, por lo que considero que la sinceridad y veracidad es real.
Lo peor de todo esto de los blogs, es que no puedo dedicarle el tiempo que quisiera. Y no lo digo por el volumen de entradas que publico, ya que no me autoimpongo ninguna obligación ni me siento presionado por escribir cosas y tener algo nuevo que ofrecer. Lo digo porque hay cantidad de blogs interesantes, de gente que escribe muy bien y son auténticas enciclopedias musicales. Gente que comparte sus experiencias igual que yo y me resulta gratificante leerlas, reseñas a las que además me gustaría aportar mi granito de arena con algún comentario. Y además tienen la “mala” costumbre de dejar señalado quienes son sus blogs favoritos, para que entres en ellos y continuamente descubras espacios que te gustaría ojear a diario. Ya no puedo incluir a más en mi lista de favoritos. No doy abasto.
En definitiva, que me parece fantástico disponer de herramientas gratuitas y alcance de todos, sea cual sea su nivel técnico, para compartir experiencias con el resto del mundo.
viernes, 1 de agosto de 2008
Bartolos en Escandinavia, 2ª Parte
28 junio–5 julio 2005
Bartolos: Rafa “Cameraman”, Enrique "Long Man", Paco “Very Shopping”, David “Luv Luv Luv” Anfitrión: Ole Brockhuus “Ule”
Un año después allá vamos de nuevo a invadir Dinamarca. Desde el primer día que volvimos el año pasado, prácticamente día sí, día no, ojeaba la web del festival para no perder detalle de la nueva edición. Así me fui emocionando cuando se confirmaban en el cartel gente como Black Sabbath, Green Day o Sonic Youth pero al mismo tiempo me iba decepcionando cuando no aparecía gente que me hubiera hecho mucha ilusión como REM o Iron Maiden, que también estaban de gira por Europa ese verano. De todas formas estábamos decididos a volver, aunque el cabeza de cartel fuera Alejandro Sanz. Y mira que el año pasado hubo momentos malos, con tanto barro y lluvia, sin embargo este año sería un éxito total en ese sentido. De hecho si se mira el historial del festival en la web, la edición del año anterior la etiquetan como “Rain and music all days” mientras que la del 2005 es “Music and sun”. Una vez más contábamos con la colaboración incondicional de nuestro amigo danés Ole que nos lo puso todo en bandeja. En la expedición de este año se nos une Rafa, dispuesto a inmortalizar en video todas las bartoladas.
Martes, 28 de junio
De nuevo tomamos el avión desde Málaga, creo que con el mismo horario que el año anterior, de modo que nos plantamos en Copenhague a la hora de comer. Una vez más nos recogió Ole en el aeropuerto, esta vez con su flamante Morris Minor descapotable con su volante, como no, a la derecha. ¡Qué coche más bonito!...¡y qué placer viajar en él por esas calles de Copenhague con un sol radiante!. Llegamos a nuestro piso en el centro (porque ya el piso es como nuestro) a dejar los bultos y pronto nos ponemos en marcha hacia Roskilde para el ritual del anillamiento. Además Ole trabaja una vez más de voluntario y su plan es dejar el Morris en un garaje de la zona. Nos da las llaves del Clio para que le sigamos (ya tenemos las del piso y las del coche…¿se puede ser mejor anfitrión?) y con la advertencia de “cuidado con los ciclistas”, nos ponemos en marcha hacia el festival. Una vez allí nos ponen las pulseras y de nuevo nos mezclamos con la fauna festivalera. Rafa es el nuevo, y no pierde detalle con su cámara. Este año nos hemos propuesto también hacer más turismo, así que nos pasamos por la ciudad de Roskilde a visitar la catedral y el museo vikingo. Es increíble cómo se exponen barcos y utensilios vikingos que, aunque réplicas, están al alcance de cualquiera que pase por allí, y no hay el menor signo de vandalismo ni expolio, aún cuando no hay seguridad ninguna. Me reafirmo: están más evolucionados que nosotros, al menos en ese aspecto. Ya atardeciendo nos volvemos a Copenhague. Mañana nos vamos a Malmö.
Miércoles, 29 de junio
Malmö es la ciudad sueca más cercana a Copenhague. Para llegar a ella se cruza el puente de Oresund. Este trayecto de poco más de 40 km es acojonante. El tren abandona la isla danesa entrando en un tunel, para emerger en medio del canal en una isla artificial y enfilar el famoso puente que mide unos 15 km. La vista es espectacular y realizar ese recorrido sobre una de las más grandes obras de ingeniería es emocionante. Una vez en Malmö tienes que pasar por el coñazo de cambiar de coronas danesas a coronas suecas, y ya se sabe que en los cambios siempre se pierde. Nos hacemos con un mapa de la ciudad en la oficina de turismo y allá vamos cual Pepe en Alemania. Lo primero que nos impresiona son los monumentos de la ciudad, es decir, las suecas. A los pocos minutos ya nos hacía falta un collarín para proteger el cuello. Impresionante. Además el buen tiempo ayuda. Pero bueno…no es a eso a lo que vamos…que estamos felizmente pre-casados (casi todos). Nos recorremos las calles del centro, muy animadas, y comemos en una terraza la mar de a gusto. Después nos encontramos con un parque que al rato descubrimos que además es un cementerio y nos dirigimos a una zona moderna donde la gente está tomando el sol junto al mar. Muchos se pegan chapuzones en un pequeño puerto deportivo y hay muchísimos cafés donde se estaba de escándalo. Justo al lado está casi construido un rascacielos blanco con forma de tornillo del arquitecto Calatrava. “Turning Torso” se bautizó. ¿Y qué más?...pues nos topamos con un molino tradicional, un castillo medieval, un submarino del año de la polka. Fantástica jornada.
Jueves, 30 de junio
Hoy empieza el festival, pero hasta las ocho y pico de la tarde que comienza el primer concierto de nuestra agenda, tenemos tiempo de hacer lo que nos plazca. Tras un reconfortante desayuno (no he dicho que llevamos una paletilla entera loncheada) queremos volver a visitar Cristianía. De camino volvemos a pasar por la iglesia de Nuestro Salvador que esta vez sí que está abierta al público. Subimos hasta lo más alto por una escalera infinita en forma de caracol y la vista de la ciudad es impresionante. Fotos dignas de postal. Bajando vemos que un mongolo llamado Manuel Cabral a dejado su firma grafitera en uno de los maderos antiquísimos de la iglesia. Ya en Cristianía disfrutamos de nuevo de este oasis hippylongo que luce espléndido. Vale la pena darse una vuelta por aquí. Pero se acerca la hora de abrir el festival, así que cogemos el coche que nos ha prestado el “Ule” y enfilamos hacia Roskilde. Dejamos el coche en un parking habilitado cercano al recinto del festival (por supuesto que aquí estas cosas son gratuitas y no hay gorrillas ni alimañas por el estilo) y por fin plantamos los pies, un año más, en este fantástico festival. La emoción te lleva a querer verlo todo con mucha ansiedad, así que recorremos todos los escenarios sin pararnos mucho a escuchar. Hay mucho ambiente y todo el mundo está con muchas ganas. Como veteranos que somos tenemos que enseñarle todo “al nuevo” y pronto caen las primeras Tuborg. Se acerca la hora de la primera cita importante: Sonic Youth en el Arena Stage. No es que sea un gran fan de ellos, pero tenía ganas de verlos en directo. Menos ruidosos de lo que me esperaba, se notaba que son un grupo con muchas tablas y se percibía la fuerte personalidad de cada miembro en el escenario. Me gustaron. Después tocaban unos desconocidos para mi Mastodon y me llevé una gratísima sorpresa con ellos. Hacen un buen hardcore y son buenos instrumentistas. Aunque no conocía una sola de las canciones, sonaban tan bien que te enganchaban. Nos tragamos el concierto entero. Y de propina trinqué una de las baquetas que lanzó al público el batería, Brann Dailor. Hoy también tocaban los Velvet Revolver, pero tuvimos que elegir entre ellos y los Sonic Youth. Y hasta aquí el primer día de festival. Nos volvemos (solos) en coche a Copenhague y no sin cierta dificultad conseguimos llegar a nuestro destino.
Viernes, 1 de julio
Éste va a ser el día grande del festival, de modo que no madrugamos y descansamos, porque nos espera un buen tute. Pronto cogemos el “Super Clio” y nos lanzamos a esas estupendas autopistas danesas en dirección a Roskilde. Es curioso que aún a plena luz del día y con un sol radiante, todo el mundo circula con las luces puestas, y como “donde fueres, haz lo que vieres”, nosotros hacemos lo mismo. Esta vez aparcamos en un segundo parking un poco más alejados y accedemos al recinto por una zona que no habíamos visitado anteriormente. Hay entretenimientos de todo tipo. La gente salta en una inmensa lona inflable. Alguno se apunta a un extraño reto que consiste en alcanzar la máxima altura apilando cajas de botellas y subido a ellas. Otros hacen escalada. Otros juegan al basket. No estoy seguro pero creo que esta mañana se ha celebrado la tradicional carrera nudista y tengo entendido que este año se ha acondicionado un lago para el baño. En fin, mucho más que un festival de música. Pasamos a los escenarios y nos dirigimos a ver a unas tal The Be Good Tanyas. Son tres chicas canadienses que hacen un country-folk muy melódico con unas voces muy bonitas. Una de ellas toca el banjo y otra la mandolina. Había leído que solían interpretar alguna versión de Neil Young pero no hubo suerte, aunque no faltó “In My Time of Dying”. De aquí nos fuimos a ver a Audioslave, esto es, el ex-Soundgarden Chris Cornell y los ex-Rage_Against_The_Machine Tom Morello, Tim C. y Brad Wilk. Este tipo de “Supergrupo”, no siempre cumple con las expectativas, pero en el caso de Audioslave creo que si. Chris Cornell está en un gran momento de voz y Tom Morello es un virtuoso guitarrista de una técnica y personalidad tremenda. En el setlist no faltan los tributos a las bandas de procedencia que, evidentemente, son los temas más coreados. Por cierto que todavía no he hablado de cómo suena la música en el impresionante Orange Stage. Es simplemente de una calidad y nitidez insuperable y además a un volumen brutal. De hecho, muchos usan protectores para los oídos. Casi sin finalizar el concierto nos ponemos en la cola para acceder a la zona de seguridad delante del escenario para el siguiente concierto…los más grandes del festival…Black Sabbath. Voy a hablar un poco más de la seguridad en Roskilde. Después de la tragedia en el año 2000, cuando 8 personas murieron en una avalancha durante el concierto de Pearl Jam, el asunto de la seguridad es prioritario para la organización. Aparte del habitual cacheo en los accesos, disponen delante del escenario principal de hasta cuatro zonas de seguridad separadas entre sí por pasillos. Estas zonas se desalojan y limpian tras cada concierto y sólo acceden a ellas un número limitado de personas. Si estás dentro, estarás casi en primera fila y tendrás dos líneas de contención traseras y una lateral, con lo cual el peligro de avalancha es casi inexistente. Impiden que accedas a la carrera. Si alguien se sube a los hombros de otro, inmediatamente lo mandan bajar. La vigilancia es continua y suministran todo el agua que solicites. Todos deberían tomar ejemplo de este tipo de medidas. Aún así, siempre hay aspectos que mejorar. Bueno, a lo que vamos, que está a punto de empezar Black Sabbath. Ver a este grupo en su formación original es un lujo al alcance de pocos. Ozzy tiene la voz más cascada que nunca, y suelta gallos continuamente, pero la entrega es innegable. Y que decir del gran Iommy a la guitarra; éste sí que está en plena forma. Es un guitarrista excepcional. El resto de la banda no se queda corto, y en el setlist no faltan clásicos como “War Pigs”, “Iron Man” o “Paranoid”. Fantástico. Nos volvemos al coche y… ¡sorpresa!...¡nos hemos quedado sin batería!. Algún bartolo (yo) se dejó las luces encendidas, aunque la bartolada es comunitaria por no estar todos pendientes. Joder, era imposible echarlo a arrancar empujando. Rápidamente se acercaron algunos de la organización que insistían en que debíamos llamar a una grúa y dejar de estorbar con el coche. Llamar a un grúa a las dos de la madrugada en Dinamarca con un coche prestado se me antojaba fuera de nuestro alcance. Ole no contestaba (normal, estaba trabajando en el festival). Por suerte se retiró el pesado que insistía con lo de la grúa y se acercó un voluntario que andaba por allí y nos dijo que intentaría echarnos un cable. Nunca mejor dicho, pidió a un tipo que salía con su coche que lo acercara a ponerle un biberón al nuestro. Nos salvó la vida. Gracias daneses, como quiera que os llamarais. No se nos volverán a olvidar las luces, seguro.
Sábado, 2 de julio
Tercer día de festival y quinto desde que llegamos. Hoy queremos tirar para el festival tempranito por lo que comeremos alguna guarrería allí mismo. A las 15:00 Paco nos arrastra a ver a un tal Khonnor, en el escenario Metropol. No doy crédito a lo que ven mis ojos: dos tipos con máscaras de osito detrás de unas mesas haciendo unas mezclas de lo más coñazo. Uno de ellos lleva una camiseta donde se lee “I’m not Khonnor”, evidentemente para que todo el mundo sepa a quién deben darle las collejas. Les damos alguna oportunidad más pero nos piramos al Arena a ver a Fantômas. Definitivamente no estábamos preparados, pero están Mike Patton y Trevor Dunn ahí arriba, así que hay que quedarse. Entre temas de no más de 30 segundos en algunas ocasiones y totales cacofonías vocales e instrumentales, se intercalan geniales versiones cinematográficas y temas más convencionales de todos los estilos posibles. Encerrado dentro de una batería saturada de platos y timbales estaba el gran Terry Bozzio, aunque eso no lo supe hasta mucho después cuando llegué a casa. Bueno, esto no ha hecho más que empezar y se acerca la primera cita importante del día: Foo Fighters en el Orange. Aunque no conozco la discografía del ex-Nirvana suponíamos que estaría bien, y así fue. El atrezzo del escenario era muy original, simulando amplificadores apilados y desorganizados. Hacia la mitad del concierto Dave Grohl se subió a la torre de control y siguió tocando desde allí arriba, regalando una bonita estampa para una buena foto. Ninguna versión de Nirvana, que yo recuerde. Se acaba el concierto, desalojamos la zona, y volvemos a acceder sin problemas para ver ahora a Green Day. De esta gente sí que conocemos los discos y tenemos expectación por ver cómo se portan. Para calentar el ambiente sale al escenario un gilipollas enfundado en un disfraz de conejo y botella en mano hace tonterías al son de canciones como “YMCA” de los Village People. La gracia supuestamente está en que parece totalmente borracho, aunque probablemente todo forme parte del show. Cumple su cometido, no obstante. Y ya por fin salen los chicos de Green Day comenzando con su reciente “American Idiot”. Continúan con temas de su último álbum intercalando los éxitos de sobra conocidos. El trío original llevan un segundo guitarrista de soporte, supongo que para compensar las limitaciones técnicas de Billie Joe. Hacia la mitad del concierto ocurre algo que, aunque totalmente preparado, no dejó de entusiasmarme. Resulta que Billy Joe se dirige a la audiencia y solicita a alguien que quiera tocar la batería. Miles de personas levantan la mano y suben al escenario a un elegido. Tre Cool le cede su puesto y le pide que lleve un ritmo facilón. Sin problemas. Ahora piden a un bajista. “¡Solo hay que tocar tres notas!”, advierte Billy Joe. No faltan de nuevo voluntarios y aúpan a otro de las primeras filas, le cuelgan un bajo, y Mike Dirnt le enseña las tres notas que empieza a tocar al ritmo machacón de la batería. Por último piden a un guitarra. “¡Sólo tres acordes!”, claro. Una vez más seleccionan a un tipo que verdaderamente sabía poner los tres acordes (bueno, hasta yo hubiera sido capaz). Joder, de pronto hay tres espontáneos subidos al impresionante Orange Stage delante de miles de personas tocando una canción (facilona) junto a Green Day. Estuvo muy original, aunque supongo que esta rutina la repetirán en todos los conciertos. Para finalizar la gracia y como broche de oro, Billy Joe le dice al espontáneo que puede quedarse con la guitarra, ¡que se la regala!. El tipo no da crédito y da las gracias de rodillas. Supongo que una vez en el backstage, sin testigos, le darían dos collejas y guardarían la guitarra para el próximo show. O quizás no. El espectáculo continúa y llegamos al final en un apoteósico bis con “We Are the Champions”. Esto es apuesta segura, eh?. Bueno, ya ha acabado y nos vamos corriendo a ver The Raveonettes al escenario Arena, aunque el concierto ya ha comenzado. Estamos ya realmente reventados y nos volvemos a buscar el coche. En el camino vemos a Duran Duran tocando en el Orange, pero será en otra ocasión, gracias. Esta vez el coche arranca sin problemas.
Domingo, 3 de julio
Día de puertas abiertas para los jubilados rockeros. Una vez más nos presentamos allí tempranito pues habíamos oído hablar bien de unos tal The Go! Team, que actuaban a las cuatro de la tarde en el Odeon. Caca-de-la-vaca. Parecían la versión anglosajona de los Parchís. Nos tumbamos en el césped a papear y tuvimos una charla animada con unos abueletes de la comarca. Nos relataron cómo venían al festival ya en los años 70. Entrañable y admirable. A las 16:00 nos vamos a ver a Jamie Cullum al Arena. Este chico pretende ser la versión teenager de Frank Sinatra, y la verdad es que no canta mal. Además toca el piano y la guitarra, y hace una versión de “The Wind Cries Mary” del Hendrix. En el fondo me parece un niñatillo para quinceañeras, aunque el repertorio sea de mucha calidad. Ahora me enfrento a la indecisión de ver a Brian Wilson en el Orange o quedarnos a ver Interpol en el Arena. Finalmente pasamos del chico de la playa y nos quedamos con los elegantes neoyorkinos. No estaban mal pero no recuerdo mucho más. Y colorín colorado, el festival para nosotros se ha acabado. Ya de retirada vemos en el Orange a Juan Luis Guerra con sus 4.40 (supongo). Es curioso que había muchísima gente viéndolo, a pesar de que el último día (domingo) muchos festivaleros ya están de vuelta a sus respectivos países. Buscamos a Ole para dejarle su coche y nos volvemos en tren. Ya estamos llegando al fin de la escapada, aunque aún tenemos un día y pico por delante.
Lunes, 4 de julio
Hoy toca turismo. El año pasado con la lluvia pasamos por la ciudad sin pena ni gloria, pero esta vez el sol acompaña y apetece mucho la bartolada del paseo en barquito por los canales. De entrada pensé que no valdría la pena, pero me equivoqué. Te pegan un paseo tremendo y ves zonas muy interesantes de la ciudad. Además te acercan hasta la sirenita, que el año pasado ni siquiera nos pasamos a saludarla. La audio-guía es en inglés, claro. Ya digo, una travesía muy interesante y agradable. De vuelta al muelle de Nyhavn, con todas esas bonitas casas de fachadas de colores, nos tomamos unas superbirras y almorzamos por la zona. Después algunas compras para nuestros amorcitos y poco más. Los niños salen de excursión por la noche pero vuelven pronto. Yo me quedo en el piso del “Ule” gastando muchísimos euros por teléfono.
Martes, 5 de julio
Último día. El avión una vez más sale a mediodía, así que pasamos la mañana una vez más en el centro. Son los días previos al festival de jazz de la ciudad, y en una plaza cerca del ayuntamiento un cuarteto de cuerda toca entre otras “Uncle Meat” de Zappa. Cachisenlamar que no llevo la cámara encima!. Todo está muy animado pero tenemos poco tiempo. Ole lleva a algunos en el coche y otros tomamos el tren hacia el aeropuerto. Allí nos despedimos de nuestro danés favorito y de nuevo le damos mil gracias por todo. Por cosas de los vuelos disponibles, yo viajo en un primer vuelo sólo y los otros tres bartolos en otro vuelo que sale más tarde. Nos veremos en Málaga donde yo he ido a por el coche y los espero para partir a Sevilla. Y hasta aquí la segunda entrega de las crónicas Roskilderas. Esta vez sí que tenemos muchas ganas de volver otro año, pero hasta ahora no ha sido posible y creo que no lo será en algún tiempo. ¿Habrá una tercera parte?. Estoy seguro de que sí, aunque sea entrado el domingo gratis con la tercera edad.
Balance del festival:
Asistentes: 65.000
Precio: 170 €
Lluvia: 0 l/m2
Bandas: 163
Escenarios: 7
Área Total: 1.562.482 m2
Bartolos: Rafa “Cameraman”, Enrique "Long Man", Paco “Very Shopping”, David “Luv Luv Luv” Anfitrión: Ole Brockhuus “Ule”
Un año después allá vamos de nuevo a invadir Dinamarca. Desde el primer día que volvimos el año pasado, prácticamente día sí, día no, ojeaba la web del festival para no perder detalle de la nueva edición. Así me fui emocionando cuando se confirmaban en el cartel gente como Black Sabbath, Green Day o Sonic Youth pero al mismo tiempo me iba decepcionando cuando no aparecía gente que me hubiera hecho mucha ilusión como REM o Iron Maiden, que también estaban de gira por Europa ese verano. De todas formas estábamos decididos a volver, aunque el cabeza de cartel fuera Alejandro Sanz. Y mira que el año pasado hubo momentos malos, con tanto barro y lluvia, sin embargo este año sería un éxito total en ese sentido. De hecho si se mira el historial del festival en la web, la edición del año anterior la etiquetan como “Rain and music all days” mientras que la del 2005 es “Music and sun”. Una vez más contábamos con la colaboración incondicional de nuestro amigo danés Ole que nos lo puso todo en bandeja. En la expedición de este año se nos une Rafa, dispuesto a inmortalizar en video todas las bartoladas.
Martes, 28 de junio
De nuevo tomamos el avión desde Málaga, creo que con el mismo horario que el año anterior, de modo que nos plantamos en Copenhague a la hora de comer. Una vez más nos recogió Ole en el aeropuerto, esta vez con su flamante Morris Minor descapotable con su volante, como no, a la derecha. ¡Qué coche más bonito!...¡y qué placer viajar en él por esas calles de Copenhague con un sol radiante!. Llegamos a nuestro piso en el centro (porque ya el piso es como nuestro) a dejar los bultos y pronto nos ponemos en marcha hacia Roskilde para el ritual del anillamiento. Además Ole trabaja una vez más de voluntario y su plan es dejar el Morris en un garaje de la zona. Nos da las llaves del Clio para que le sigamos (ya tenemos las del piso y las del coche…¿se puede ser mejor anfitrión?) y con la advertencia de “cuidado con los ciclistas”, nos ponemos en marcha hacia el festival. Una vez allí nos ponen las pulseras y de nuevo nos mezclamos con la fauna festivalera. Rafa es el nuevo, y no pierde detalle con su cámara. Este año nos hemos propuesto también hacer más turismo, así que nos pasamos por la ciudad de Roskilde a visitar la catedral y el museo vikingo. Es increíble cómo se exponen barcos y utensilios vikingos que, aunque réplicas, están al alcance de cualquiera que pase por allí, y no hay el menor signo de vandalismo ni expolio, aún cuando no hay seguridad ninguna. Me reafirmo: están más evolucionados que nosotros, al menos en ese aspecto. Ya atardeciendo nos volvemos a Copenhague. Mañana nos vamos a Malmö.Miércoles, 29 de junio
Malmö es la ciudad sueca más cercana a Copenhague. Para llegar a ella se cruza el puente de Oresund. Este trayecto de poco más de 40 km es acojonante. El tren abandona la isla danesa entrando en un tunel, para emerger en medio del canal en una isla artificial y enfilar el famoso puente que mide unos 15 km. La vista es espectacular y realizar ese recorrido sobre una de las más grandes obras de ingeniería es emocionante. Una vez en Malmö tienes que pasar por el coñazo de cambiar de coronas danesas a coronas suecas, y ya se sabe que en los cambios siempre se pierde. Nos hacemos con un mapa de la ciudad en la oficina de turismo y allá vamos cual Pepe en Alemania. Lo primero que nos impresiona son los monumentos de la ciudad, es decir, las suecas. A los pocos minutos ya nos hacía falta un collarín para proteger el cuello. Impresionante. Además el buen tiempo ayuda. Pero bueno…no es a eso a lo que vamos…que estamos felizmente pre-casados (casi todos). Nos recorremos las calles del centro, muy animadas, y comemos en una terraza la mar de a gusto. Después nos encontramos con un parque que al rato descubrimos que además es un cementerio y nos dirigimos a una zona moderna donde la gente está tomando el sol junto al mar. Muchos se pegan chapuzones en un pequeño puerto deportivo y hay muchísimos cafés donde se estaba de escándalo. Justo al lado está casi construido un rascacielos blanco con forma de tornillo del arquitecto Calatrava. “Turning Torso” se bautizó. ¿Y qué más?...pues nos topamos con un molino tradicional, un castillo medieval, un submarino del año de la polka. Fantástica jornada.Jueves, 30 de junio
Hoy empieza el festival, pero hasta las ocho y pico de la tarde que comienza el primer concierto de nuestra agenda, tenemos tiempo de hacer lo que nos plazca. Tras un reconfortante desayuno (no he dicho que llevamos una paletilla entera loncheada) queremos volver a visitar Cristianía. De camino volvemos a pasar por la iglesia de Nuestro Salvador que esta vez sí que está abierta al público. Subimos hasta lo más alto por una escalera infinita en forma de caracol y la vista de la ciudad es impresionante. Fotos dignas de postal. Bajando vemos que un mongolo llamado Manuel Cabral a dejado su firma grafitera en uno de los maderos antiquísimos de la iglesia. Ya en Cristianía disfrutamos de nuevo de este oasis hippylongo que luce espléndido. Vale la pena darse una vuelta por aquí. Pero se acerca la hora de abrir el festival, así que cogemos el coche que nos ha prestado el “Ule” y enfilamos hacia Roskilde. Dejamos el coche en un parking habilitado cercano al recinto del festival (por supuesto que aquí estas cosas son gratuitas y no hay gorrillas ni alimañas por el estilo) y por fin plantamos los pies, un año más, en este fantástico festival. La emoción te lleva a querer verlo todo con mucha ansiedad, así que recorremos todos los escenarios sin pararnos mucho a escuchar. Hay mucho ambiente y todo el mundo está con muchas ganas. Como veteranos que somos tenemos que enseñarle todo “al nuevo” y pronto caen las primeras Tuborg. Se acerca la hora de la primera cita importante: Sonic Youth en el Arena Stage. No es que sea un gran fan de ellos, pero tenía ganas de verlos en directo. Menos ruidosos de lo que me esperaba, se notaba que son un grupo con muchas tablas y se percibía la fuerte personalidad de cada miembro en el escenario. Me gustaron. Después tocaban unos desconocidos para mi Mastodon y me llevé una gratísima sorpresa con ellos. Hacen un buen hardcore y son buenos instrumentistas. Aunque no conocía una sola de las canciones, sonaban tan bien que te enganchaban. Nos tragamos el concierto entero. Y de propina trinqué una de las baquetas que lanzó al público el batería, Brann Dailor. Hoy también tocaban los Velvet Revolver, pero tuvimos que elegir entre ellos y los Sonic Youth. Y hasta aquí el primer día de festival. Nos volvemos (solos) en coche a Copenhague y no sin cierta dificultad conseguimos llegar a nuestro destino.Viernes, 1 de julio
Éste va a ser el día grande del festival, de modo que no madrugamos y descansamos, porque nos espera un buen tute. Pronto cogemos el “Super Clio” y nos lanzamos a esas estupendas autopistas danesas en dirección a Roskilde. Es curioso que aún a plena luz del día y con un sol radiante, todo el mundo circula con las luces puestas, y como “donde fueres, haz lo que vieres”, nosotros hacemos lo mismo. Esta vez aparcamos en un segundo parking un poco más alejados y accedemos al recinto por una zona que no habíamos visitado anteriormente. Hay entretenimientos de todo tipo. La gente salta en una inmensa lona inflable. Alguno se apunta a un extraño reto que consiste en alcanzar la máxima altura apilando cajas de botellas y subido a ellas. Otros hacen escalada. Otros juegan al basket. No estoy seguro pero creo que esta mañana se ha celebrado la tradicional carrera nudista y tengo entendido que este año se ha acondicionado un lago para el baño. En fin, mucho más que un festival de música. Pasamos a los escenarios y nos dirigimos a ver a unas tal The Be Good Tanyas. Son tres chicas canadienses que hacen un country-folk muy melódico con unas voces muy bonitas. Una de ellas toca el banjo y otra la mandolina. Había leído que solían interpretar alguna versión de Neil Young pero no hubo suerte, aunque no faltó “In My Time of Dying”. De aquí nos fuimos a ver a Audioslave, esto es, el ex-Soundgarden Chris Cornell y los ex-Rage_Against_The_Machine Tom Morello, Tim C. y Brad Wilk. Este tipo de “Supergrupo”, no siempre cumple con las expectativas, pero en el caso de Audioslave creo que si. Chris Cornell está en un gran momento de voz y Tom Morello es un virtuoso guitarrista de una técnica y personalidad tremenda. En el setlist no faltan los tributos a las bandas de procedencia que, evidentemente, son los temas más coreados. Por cierto que todavía no he hablado de cómo suena la música en el impresionante Orange Stage. Es simplemente de una calidad y nitidez insuperable y además a un volumen brutal. De hecho, muchos usan protectores para los oídos. Casi sin finalizar el concierto nos ponemos en la cola para acceder a la zona de seguridad delante del escenario para el siguiente concierto…los más grandes del festival…Black Sabbath. Voy a hablar un poco más de la seguridad en Roskilde. Después de la tragedia en el año 2000, cuando 8 personas murieron en una avalancha durante el concierto de Pearl Jam, el asunto de la seguridad es prioritario para la organización. Aparte del habitual cacheo en los accesos, disponen delante del escenario principal de hasta cuatro zonas de seguridad separadas entre sí por pasillos. Estas zonas se desalojan y limpian tras cada concierto y sólo acceden a ellas un número limitado de personas. Si estás dentro, estarás casi en primera fila y tendrás dos líneas de contención traseras y una lateral, con lo cual el peligro de avalancha es casi inexistente. Impiden que accedas a la carrera. Si alguien se sube a los hombros de otro, inmediatamente lo mandan bajar. La vigilancia es continua y suministran todo el agua que solicites. Todos deberían tomar ejemplo de este tipo de medidas. Aún así, siempre hay aspectos que mejorar. Bueno, a lo que vamos, que está a punto de empezar Black Sabbath. Ver a este grupo en su formación original es un lujo al alcance de pocos. Ozzy tiene la voz más cascada que nunca, y suelta gallos continuamente, pero la entrega es innegable. Y que decir del gran Iommy a la guitarra; éste sí que está en plena forma. Es un guitarrista excepcional. El resto de la banda no se queda corto, y en el setlist no faltan clásicos como “War Pigs”, “Iron Man” o “Paranoid”. Fantástico. Nos volvemos al coche y… ¡sorpresa!...¡nos hemos quedado sin batería!. Algún bartolo (yo) se dejó las luces encendidas, aunque la bartolada es comunitaria por no estar todos pendientes. Joder, era imposible echarlo a arrancar empujando. Rápidamente se acercaron algunos de la organización que insistían en que debíamos llamar a una grúa y dejar de estorbar con el coche. Llamar a un grúa a las dos de la madrugada en Dinamarca con un coche prestado se me antojaba fuera de nuestro alcance. Ole no contestaba (normal, estaba trabajando en el festival). Por suerte se retiró el pesado que insistía con lo de la grúa y se acercó un voluntario que andaba por allí y nos dijo que intentaría echarnos un cable. Nunca mejor dicho, pidió a un tipo que salía con su coche que lo acercara a ponerle un biberón al nuestro. Nos salvó la vida. Gracias daneses, como quiera que os llamarais. No se nos volverán a olvidar las luces, seguro.Sábado, 2 de julio
Tercer día de festival y quinto desde que llegamos. Hoy queremos tirar para el festival tempranito por lo que comeremos alguna guarrería allí mismo. A las 15:00 Paco nos arrastra a ver a un tal Khonnor, en el escenario Metropol. No doy crédito a lo que ven mis ojos: dos tipos con máscaras de osito detrás de unas mesas haciendo unas mezclas de lo más coñazo. Uno de ellos lleva una camiseta donde se lee “I’m not Khonnor”, evidentemente para que todo el mundo sepa a quién deben darle las collejas. Les damos alguna oportunidad más pero nos piramos al Arena a ver a Fantômas. Definitivamente no estábamos preparados, pero están Mike Patton y Trevor Dunn ahí arriba, así que hay que quedarse. Entre temas de no más de 30 segundos en algunas ocasiones y totales cacofonías vocales e instrumentales, se intercalan geniales versiones cinematográficas y temas más convencionales de todos los estilos posibles. Encerrado dentro de una batería saturada de platos y timbales estaba el gran Terry Bozzio, aunque eso no lo supe hasta mucho después cuando llegué a casa. Bueno, esto no ha hecho más que empezar y se acerca la primera cita importante del día: Foo Fighters en el Orange. Aunque no conozco la discografía del ex-Nirvana suponíamos que estaría bien, y así fue. El atrezzo del escenario era muy original, simulando amplificadores apilados y desorganizados. Hacia la mitad del concierto Dave Grohl se subió a la torre de control y siguió tocando desde allí arriba, regalando una bonita estampa para una buena foto. Ninguna versión de Nirvana, que yo recuerde. Se acaba el concierto, desalojamos la zona, y volvemos a acceder sin problemas para ver ahora a Green Day. De esta gente sí que conocemos los discos y tenemos expectación por ver cómo se portan. Para calentar el ambiente sale al escenario un gilipollas enfundado en un disfraz de conejo y botella en mano hace tonterías al son de canciones como “YMCA” de los Village People. La gracia supuestamente está en que parece totalmente borracho, aunque probablemente todo forme parte del show. Cumple su cometido, no obstante. Y ya por fin salen los chicos de Green Day comenzando con su reciente “American Idiot”. Continúan con temas de su último álbum intercalando los éxitos de sobra conocidos. El trío original llevan un segundo guitarrista de soporte, supongo que para compensar las limitaciones técnicas de Billie Joe. Hacia la mitad del concierto ocurre algo que, aunque totalmente preparado, no dejó de entusiasmarme. Resulta que Billy Joe se dirige a la audiencia y solicita a alguien que quiera tocar la batería. Miles de personas levantan la mano y suben al escenario a un elegido. Tre Cool le cede su puesto y le pide que lleve un ritmo facilón. Sin problemas. Ahora piden a un bajista. “¡Solo hay que tocar tres notas!”, advierte Billy Joe. No faltan de nuevo voluntarios y aúpan a otro de las primeras filas, le cuelgan un bajo, y Mike Dirnt le enseña las tres notas que empieza a tocar al ritmo machacón de la batería. Por último piden a un guitarra. “¡Sólo tres acordes!”, claro. Una vez más seleccionan a un tipo que verdaderamente sabía poner los tres acordes (bueno, hasta yo hubiera sido capaz). Joder, de pronto hay tres espontáneos subidos al impresionante Orange Stage delante de miles de personas tocando una canción (facilona) junto a Green Day. Estuvo muy original, aunque supongo que esta rutina la repetirán en todos los conciertos. Para finalizar la gracia y como broche de oro, Billy Joe le dice al espontáneo que puede quedarse con la guitarra, ¡que se la regala!. El tipo no da crédito y da las gracias de rodillas. Supongo que una vez en el backstage, sin testigos, le darían dos collejas y guardarían la guitarra para el próximo show. O quizás no. El espectáculo continúa y llegamos al final en un apoteósico bis con “We Are the Champions”. Esto es apuesta segura, eh?. Bueno, ya ha acabado y nos vamos corriendo a ver The Raveonettes al escenario Arena, aunque el concierto ya ha comenzado. Estamos ya realmente reventados y nos volvemos a buscar el coche. En el camino vemos a Duran Duran tocando en el Orange, pero será en otra ocasión, gracias. Esta vez el coche arranca sin problemas.Domingo, 3 de julio
Día de puertas abiertas para los jubilados rockeros. Una vez más nos presentamos allí tempranito pues habíamos oído hablar bien de unos tal The Go! Team, que actuaban a las cuatro de la tarde en el Odeon. Caca-de-la-vaca. Parecían la versión anglosajona de los Parchís. Nos tumbamos en el césped a papear y tuvimos una charla animada con unos abueletes de la comarca. Nos relataron cómo venían al festival ya en los años 70. Entrañable y admirable. A las 16:00 nos vamos a ver a Jamie Cullum al Arena. Este chico pretende ser la versión teenager de Frank Sinatra, y la verdad es que no canta mal. Además toca el piano y la guitarra, y hace una versión de “The Wind Cries Mary” del Hendrix. En el fondo me parece un niñatillo para quinceañeras, aunque el repertorio sea de mucha calidad. Ahora me enfrento a la indecisión de ver a Brian Wilson en el Orange o quedarnos a ver Interpol en el Arena. Finalmente pasamos del chico de la playa y nos quedamos con los elegantes neoyorkinos. No estaban mal pero no recuerdo mucho más. Y colorín colorado, el festival para nosotros se ha acabado. Ya de retirada vemos en el Orange a Juan Luis Guerra con sus 4.40 (supongo). Es curioso que había muchísima gente viéndolo, a pesar de que el último día (domingo) muchos festivaleros ya están de vuelta a sus respectivos países. Buscamos a Ole para dejarle su coche y nos volvemos en tren. Ya estamos llegando al fin de la escapada, aunque aún tenemos un día y pico por delante.Lunes, 4 de julio
Hoy toca turismo. El año pasado con la lluvia pasamos por la ciudad sin pena ni gloria, pero esta vez el sol acompaña y apetece mucho la bartolada del paseo en barquito por los canales. De entrada pensé que no valdría la pena, pero me equivoqué. Te pegan un paseo tremendo y ves zonas muy interesantes de la ciudad. Además te acercan hasta la sirenita, que el año pasado ni siquiera nos pasamos a saludarla. La audio-guía es en inglés, claro. Ya digo, una travesía muy interesante y agradable. De vuelta al muelle de Nyhavn, con todas esas bonitas casas de fachadas de colores, nos tomamos unas superbirras y almorzamos por la zona. Después algunas compras para nuestros amorcitos y poco más. Los niños salen de excursión por la noche pero vuelven pronto. Yo me quedo en el piso del “Ule” gastando muchísimos euros por teléfono.Martes, 5 de julio
Último día. El avión una vez más sale a mediodía, así que pasamos la mañana una vez más en el centro. Son los días previos al festival de jazz de la ciudad, y en una plaza cerca del ayuntamiento un cuarteto de cuerda toca entre otras “Uncle Meat” de Zappa. Cachisenlamar que no llevo la cámara encima!. Todo está muy animado pero tenemos poco tiempo. Ole lleva a algunos en el coche y otros tomamos el tren hacia el aeropuerto. Allí nos despedimos de nuestro danés favorito y de nuevo le damos mil gracias por todo. Por cosas de los vuelos disponibles, yo viajo en un primer vuelo sólo y los otros tres bartolos en otro vuelo que sale más tarde. Nos veremos en Málaga donde yo he ido a por el coche y los espero para partir a Sevilla. Y hasta aquí la segunda entrega de las crónicas Roskilderas. Esta vez sí que tenemos muchas ganas de volver otro año, pero hasta ahora no ha sido posible y creo que no lo será en algún tiempo. ¿Habrá una tercera parte?. Estoy seguro de que sí, aunque sea entrado el domingo gratis con la tercera edad.
Balance del festival:Asistentes: 65.000
Precio: 170 €
Lluvia: 0 l/m2
Bandas: 163
Escenarios: 7
Área Total: 1.562.482 m2
Etiquetas:
Audioslave,
Black Sabbath,
Conciertos,
Fantômas,
Festivales,
Foo Fighters,
Green Day,
Interpol,
Jamie Cullum,
Mastodon,
Roskilde Festival,
Sonic Youth,
The Be Good Tanyas
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