Mostrando entradas con la etiqueta Roskilde Festival. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Roskilde Festival. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de agosto de 2008

Bartolos en Escandinavia, 2ª Parte

28 junio–5 julio 2005
Bartolos: Rafa “Cameraman”, Enrique "Long Man", Paco “Very Shopping”, David “Luv Luv Luv” Anfitrión: Ole Brockhuus “Ule”

Un año después allá vamos de nuevo a invadir Dinamarca. Desde el primer día que volvimos el año pasado, prácticamente día sí, día no, ojeaba la web del festival para no perder detalle de la nueva edición. Así me fui emocionando cuando se confirmaban en el cartel gente como Black Sabbath, Green Day o Sonic Youth pero al mismo tiempo me iba decepcionando cuando no aparecía gente que me hubiera hecho mucha ilusión como REM o Iron Maiden, que también estaban de gira por Europa ese verano. De todas formas estábamos decididos a volver, aunque el cabeza de cartel fuera Alejandro Sanz. Y mira que el año pasado hubo momentos malos, con tanto barro y lluvia, sin embargo este año sería un éxito total en ese sentido. De hecho si se mira el historial del festival en la web, la edición del año anterior la etiquetan como “Rain and music all days” mientras que la del 2005 es “Music and sun”. Una vez más contábamos con la colaboración incondicional de nuestro amigo danés Ole que nos lo puso todo en bandeja. En la expedición de este año se nos une Rafa, dispuesto a inmortalizar en video todas las bartoladas.

Martes, 28 de junio
De nuevo tomamos el avión desde Málaga, creo que con el mismo horario que el año anterior, de modo que nos plantamos en Copenhague a la hora de comer. Una vez más nos recogió Ole en el aeropuerto, esta vez con su flamante Morris Minor descapotable con su volante, como no, a la derecha. ¡Qué coche más bonito!...¡y qué placer viajar en él por esas calles de Copenhague con un sol radiante!. Llegamos a nuestro piso en el centro (porque ya el piso es como nuestro) a dejar los bultos y pronto nos ponemos en marcha hacia Roskilde para el ritual del anillamiento. Además Ole trabaja una vez más de voluntario y su plan es dejar el Morris en un garaje de la zona. Nos da las llaves del Clio para que le sigamos (ya tenemos las del piso y las del coche…¿se puede ser mejor anfitrión?) y con la advertencia de “cuidado con los ciclistas”, nos ponemos en marcha hacia el festival. Una vez allí nos ponen las pulseras y de nuevo nos mezclamos con la fauna festivalera. Rafa es el nuevo, y no pierde detalle con su cámara. Este año nos hemos propuesto también hacer más turismo, así que nos pasamos por la ciudad de Roskilde a visitar la catedral y el museo vikingo. Es increíble cómo se exponen barcos y utensilios vikingos que, aunque réplicas, están al alcance de cualquiera que pase por allí, y no hay el menor signo de vandalismo ni expolio, aún cuando no hay seguridad ninguna. Me reafirmo: están más evolucionados que nosotros, al menos en ese aspecto. Ya atardeciendo nos volvemos a Copenhague. Mañana nos vamos a Malmö.

Miércoles, 29 de junio
Malmö es la ciudad sueca más cercana a Copenhague. Para llegar a ella se cruza el puente de Oresund. Este trayecto de poco más de 40 km es acojonante. El tren abandona la isla danesa entrando en un tunel, para emerger en medio del canal en una isla artificial y enfilar el famoso puente que mide unos 15 km. La vista es espectacular y realizar ese recorrido sobre una de las más grandes obras de ingeniería es emocionante. Una vez en Malmö tienes que pasar por el coñazo de cambiar de coronas danesas a coronas suecas, y ya se sabe que en los cambios siempre se pierde. Nos hacemos con un mapa de la ciudad en la oficina de turismo y allá vamos cual Pepe en Alemania. Lo primero que nos impresiona son los monumentos de la ciudad, es decir, las suecas. A los pocos minutos ya nos hacía falta un collarín para proteger el cuello. Impresionante. Además el buen tiempo ayuda. Pero bueno…no es a eso a lo que vamos…que estamos felizmente pre-casados (casi todos). Nos recorremos las calles del centro, muy animadas, y comemos en una terraza la mar de a gusto. Después nos encontramos con un parque que al rato descubrimos que además es un cementerio y nos dirigimos a una zona moderna donde la gente está tomando el sol junto al mar. Muchos se pegan chapuzones en un pequeño puerto deportivo y hay muchísimos cafés donde se estaba de escándalo. Justo al lado está casi construido un rascacielos blanco con forma de tornillo del arquitecto Calatrava. “Turning Torso” se bautizó. ¿Y qué más?...pues nos topamos con un molino tradicional, un castillo medieval, un submarino del año de la polka. Fantástica jornada.

Jueves, 30 de junio
Hoy empieza el festival, pero hasta las ocho y pico de la tarde que comienza el primer concierto de nuestra agenda, tenemos tiempo de hacer lo que nos plazca. Tras un reconfortante desayuno (no he dicho que llevamos una paletilla entera loncheada) queremos volver a visitar Cristianía. De camino volvemos a pasar por la iglesia de Nuestro Salvador que esta vez sí que está abierta al público. Subimos hasta lo más alto por una escalera infinita en forma de caracol y la vista de la ciudad es impresionante. Fotos dignas de postal. Bajando vemos que un mongolo llamado Manuel Cabral a dejado su firma grafitera en uno de los maderos antiquísimos de la iglesia. Ya en Cristianía disfrutamos de nuevo de este oasis hippylongo que luce espléndido. Vale la pena darse una vuelta por aquí. Pero se acerca la hora de abrir el festival, así que cogemos el coche que nos ha prestado el “Ule” y enfilamos hacia Roskilde. Dejamos el coche en un parking habilitado cercano al recinto del festival (por supuesto que aquí estas cosas son gratuitas y no hay gorrillas ni alimañas por el estilo) y por fin plantamos los pies, un año más, en este fantástico festival. La emoción te lleva a querer verlo todo con mucha ansiedad, así que recorremos todos los escenarios sin pararnos mucho a escuchar. Hay mucho ambiente y todo el mundo está con muchas ganas. Como veteranos que somos tenemos que enseñarle todo “al nuevo” y pronto caen las primeras Tuborg. Se acerca la hora de la primera cita importante: Sonic Youth en el Arena Stage. No es que sea un gran fan de ellos, pero tenía ganas de verlos en directo. Menos ruidosos de lo que me esperaba, se notaba que son un grupo con muchas tablas y se percibía la fuerte personalidad de cada miembro en el escenario. Me gustaron. Después tocaban unos desconocidos para mi Mastodon y me llevé una gratísima sorpresa con ellos. Hacen un buen hardcore y son buenos instrumentistas. Aunque no conocía una sola de las canciones, sonaban tan bien que te enganchaban. Nos tragamos el concierto entero. Y de propina trinqué una de las baquetas que lanzó al público el batería, Brann Dailor. Hoy también tocaban los Velvet Revolver, pero tuvimos que elegir entre ellos y los Sonic Youth. Y hasta aquí el primer día de festival. Nos volvemos (solos) en coche a Copenhague y no sin cierta dificultad conseguimos llegar a nuestro destino.

Viernes, 1 de julio
Éste va a ser el día grande del festival, de modo que no madrugamos y descansamos, porque nos espera un buen tute. Pronto cogemos el “Super Clio” y nos lanzamos a esas estupendas autopistas danesas en dirección a Roskilde. Es curioso que aún a plena luz del día y con un sol radiante, todo el mundo circula con las luces puestas, y como “donde fueres, haz lo que vieres”, nosotros hacemos lo mismo. Esta vez aparcamos en un segundo parking un poco más alejados y accedemos al recinto por una zona que no habíamos visitado anteriormente. Hay entretenimientos de todo tipo. La gente salta en una inmensa lona inflable. Alguno se apunta a un extraño reto que consiste en alcanzar la máxima altura apilando cajas de botellas y subido a ellas. Otros hacen escalada. Otros juegan al basket. No estoy seguro pero creo que esta mañana se ha celebrado la tradicional carrera nudista y tengo entendido que este año se ha acondicionado un lago para el baño. En fin, mucho más que un festival de música. Pasamos a los escenarios y nos dirigimos a ver a unas tal The Be Good Tanyas. Son tres chicas canadienses que hacen un country-folk muy melódico con unas voces muy bonitas. Una de ellas toca el banjo y otra la mandolina. Había leído que solían interpretar alguna versión de Neil Young pero no hubo suerte, aunque no faltó “In My Time of Dying”. De aquí nos fuimos a ver a Audioslave, esto es, el ex-Soundgarden Chris Cornell y los ex-Rage_Against_The_Machine Tom Morello, Tim C. y Brad Wilk. Este tipo de “Supergrupo”, no siempre cumple con las expectativas, pero en el caso de Audioslave creo que si. Chris Cornell está en un gran momento de voz y Tom Morello es un virtuoso guitarrista de una técnica y personalidad tremenda. En el setlist no faltan los tributos a las bandas de procedencia que, evidentemente, son los temas más coreados. Por cierto que todavía no he hablado de cómo suena la música en el impresionante Orange Stage. Es simplemente de una calidad y nitidez insuperable y además a un volumen brutal. De hecho, muchos usan protectores para los oídos. Casi sin finalizar el concierto nos ponemos en la cola para acceder a la zona de seguridad delante del escenario para el siguiente concierto…los más grandes del festival…Black Sabbath. Voy a hablar un poco más de la seguridad en Roskilde. Después de la tragedia en el año 2000, cuando 8 personas murieron en una avalancha durante el concierto de Pearl Jam, el asunto de la seguridad es prioritario para la organización. Aparte del habitual cacheo en los accesos, disponen delante del escenario principal de hasta cuatro zonas de seguridad separadas entre sí por pasillos. Estas zonas se desalojan y limpian tras cada concierto y sólo acceden a ellas un número limitado de personas. Si estás dentro, estarás casi en primera fila y tendrás dos líneas de contención traseras y una lateral, con lo cual el peligro de avalancha es casi inexistente. Impiden que accedas a la carrera. Si alguien se sube a los hombros de otro, inmediatamente lo mandan bajar. La vigilancia es continua y suministran todo el agua que solicites. Todos deberían tomar ejemplo de este tipo de medidas. Aún así, siempre hay aspectos que mejorar. Bueno, a lo que vamos, que está a punto de empezar Black Sabbath. Ver a este grupo en su formación original es un lujo al alcance de pocos. Ozzy tiene la voz más cascada que nunca, y suelta gallos continuamente, pero la entrega es innegable. Y que decir del gran Iommy a la guitarra; éste sí que está en plena forma. Es un guitarrista excepcional. El resto de la banda no se queda corto, y en el setlist no faltan clásicos como “War Pigs”, “Iron Man” o “Paranoid”. Fantástico. Nos volvemos al coche y… ¡sorpresa!...¡nos hemos quedado sin batería!. Algún bartolo (yo) se dejó las luces encendidas, aunque la bartolada es comunitaria por no estar todos pendientes. Joder, era imposible echarlo a arrancar empujando. Rápidamente se acercaron algunos de la organización que insistían en que debíamos llamar a una grúa y dejar de estorbar con el coche. Llamar a un grúa a las dos de la madrugada en Dinamarca con un coche prestado se me antojaba fuera de nuestro alcance. Ole no contestaba (normal, estaba trabajando en el festival). Por suerte se retiró el pesado que insistía con lo de la grúa y se acercó un voluntario que andaba por allí y nos dijo que intentaría echarnos un cable. Nunca mejor dicho, pidió a un tipo que salía con su coche que lo acercara a ponerle un biberón al nuestro. Nos salvó la vida. Gracias daneses, como quiera que os llamarais. No se nos volverán a olvidar las luces, seguro.

Sábado, 2 de julio
Tercer día de festival y quinto desde que llegamos. Hoy queremos tirar para el festival tempranito por lo que comeremos alguna guarrería allí mismo. A las 15:00 Paco nos arrastra a ver a un tal Khonnor, en el escenario Metropol. No doy crédito a lo que ven mis ojos: dos tipos con máscaras de osito detrás de unas mesas haciendo unas mezclas de lo más coñazo. Uno de ellos lleva una camiseta donde se lee “I’m not Khonnor”, evidentemente para que todo el mundo sepa a quién deben darle las collejas. Les damos alguna oportunidad más pero nos piramos al Arena a ver a Fantômas. Definitivamente no estábamos preparados, pero están Mike Patton y Trevor Dunn ahí arriba, así que hay que quedarse. Entre temas de no más de 30 segundos en algunas ocasiones y totales cacofonías vocales e instrumentales, se intercalan geniales versiones cinematográficas y temas más convencionales de todos los estilos posibles. Encerrado dentro de una batería saturada de platos y timbales estaba el gran Terry Bozzio, aunque eso no lo supe hasta mucho después cuando llegué a casa. Bueno, esto no ha hecho más que empezar y se acerca la primera cita importante del día: Foo Fighters en el Orange. Aunque no conozco la discografía del ex-Nirvana suponíamos que estaría bien, y así fue. El atrezzo del escenario era muy original, simulando amplificadores apilados y desorganizados. Hacia la mitad del concierto Dave Grohl se subió a la torre de control y siguió tocando desde allí arriba, regalando una bonita estampa para una buena foto. Ninguna versión de Nirvana, que yo recuerde. Se acaba el concierto, desalojamos la zona, y volvemos a acceder sin problemas para ver ahora a Green Day. De esta gente sí que conocemos los discos y tenemos expectación por ver cómo se portan. Para calentar el ambiente sale al escenario un gilipollas enfundado en un disfraz de conejo y botella en mano hace tonterías al son de canciones como “YMCA” de los Village People. La gracia supuestamente está en que parece totalmente borracho, aunque probablemente todo forme parte del show. Cumple su cometido, no obstante. Y ya por fin salen los chicos de Green Day comenzando con su reciente “American Idiot”. Continúan con temas de su último álbum intercalando los éxitos de sobra conocidos. El trío original llevan un segundo guitarrista de soporte, supongo que para compensar las limitaciones técnicas de Billie Joe. Hacia la mitad del concierto ocurre algo que, aunque totalmente preparado, no dejó de entusiasmarme. Resulta que Billy Joe se dirige a la audiencia y solicita a alguien que quiera tocar la batería. Miles de personas levantan la mano y suben al escenario a un elegido. Tre Cool le cede su puesto y le pide que lleve un ritmo facilón. Sin problemas. Ahora piden a un bajista. “¡Solo hay que tocar tres notas!”, advierte Billy Joe. No faltan de nuevo voluntarios y aúpan a otro de las primeras filas, le cuelgan un bajo, y Mike Dirnt le enseña las tres notas que empieza a tocar al ritmo machacón de la batería. Por último piden a un guitarra. “¡Sólo tres acordes!”, claro. Una vez más seleccionan a un tipo que verdaderamente sabía poner los tres acordes (bueno, hasta yo hubiera sido capaz). Joder, de pronto hay tres espontáneos subidos al impresionante Orange Stage delante de miles de personas tocando una canción (facilona) junto a Green Day. Estuvo muy original, aunque supongo que esta rutina la repetirán en todos los conciertos. Para finalizar la gracia y como broche de oro, Billy Joe le dice al espontáneo que puede quedarse con la guitarra, ¡que se la regala!. El tipo no da crédito y da las gracias de rodillas. Supongo que una vez en el backstage, sin testigos, le darían dos collejas y guardarían la guitarra para el próximo show. O quizás no. El espectáculo continúa y llegamos al final en un apoteósico bis con “We Are the Champions”. Esto es apuesta segura, eh?. Bueno, ya ha acabado y nos vamos corriendo a ver The Raveonettes al escenario Arena, aunque el concierto ya ha comenzado. Estamos ya realmente reventados y nos volvemos a buscar el coche. En el camino vemos a Duran Duran tocando en el Orange, pero será en otra ocasión, gracias. Esta vez el coche arranca sin problemas.

Domingo, 3 de julio
Día de puertas abiertas para los jubilados rockeros. Una vez más nos presentamos allí tempranito pues habíamos oído hablar bien de unos tal The Go! Team, que actuaban a las cuatro de la tarde en el Odeon. Caca-de-la-vaca. Parecían la versión anglosajona de los Parchís. Nos tumbamos en el césped a papear y tuvimos una charla animada con unos abueletes de la comarca. Nos relataron cómo venían al festival ya en los años 70. Entrañable y admirable. A las 16:00 nos vamos a ver a Jamie Cullum al Arena. Este chico pretende ser la versión teenager de Frank Sinatra, y la verdad es que no canta mal. Además toca el piano y la guitarra, y hace una versión de “The Wind Cries Mary” del Hendrix. En el fondo me parece un niñatillo para quinceañeras, aunque el repertorio sea de mucha calidad. Ahora me enfrento a la indecisión de ver a Brian Wilson en el Orange o quedarnos a ver Interpol en el Arena. Finalmente pasamos del chico de la playa y nos quedamos con los elegantes neoyorkinos. No estaban mal pero no recuerdo mucho más. Y colorín colorado, el festival para nosotros se ha acabado. Ya de retirada vemos en el Orange a Juan Luis Guerra con sus 4.40 (supongo). Es curioso que había muchísima gente viéndolo, a pesar de que el último día (domingo) muchos festivaleros ya están de vuelta a sus respectivos países. Buscamos a Ole para dejarle su coche y nos volvemos en tren. Ya estamos llegando al fin de la escapada, aunque aún tenemos un día y pico por delante.

Lunes, 4 de julio
Hoy toca turismo. El año pasado con la lluvia pasamos por la ciudad sin pena ni gloria, pero esta vez el sol acompaña y apetece mucho la bartolada del paseo en barquito por los canales. De entrada pensé que no valdría la pena, pero me equivoqué. Te pegan un paseo tremendo y ves zonas muy interesantes de la ciudad. Además te acercan hasta la sirenita, que el año pasado ni siquiera nos pasamos a saludarla. La audio-guía es en inglés, claro. Ya digo, una travesía muy interesante y agradable. De vuelta al muelle de Nyhavn, con todas esas bonitas casas de fachadas de colores, nos tomamos unas superbirras y almorzamos por la zona. Después algunas compras para nuestros amorcitos y poco más. Los niños salen de excursión por la noche pero vuelven pronto. Yo me quedo en el piso del “Ule” gastando muchísimos euros por teléfono.

Martes, 5 de julio
Último día. El avión una vez más sale a mediodía, así que pasamos la mañana una vez más en el centro. Son los días previos al festival de jazz de la ciudad, y en una plaza cerca del ayuntamiento un cuarteto de cuerda toca entre otras “Uncle Meat” de Zappa. Cachisenlamar que no llevo la cámara encima!. Todo está muy animado pero tenemos poco tiempo. Ole lleva a algunos en el coche y otros tomamos el tren hacia el aeropuerto. Allí nos despedimos de nuestro danés favorito y de nuevo le damos mil gracias por todo. Por cosas de los vuelos disponibles, yo viajo en un primer vuelo sólo y los otros tres bartolos en otro vuelo que sale más tarde. Nos veremos en Málaga donde yo he ido a por el coche y los espero para partir a Sevilla. Y hasta aquí la segunda entrega de las crónicas Roskilderas. Esta vez sí que tenemos muchas ganas de volver otro año, pero hasta ahora no ha sido posible y creo que no lo será en algún tiempo. ¿Habrá una tercera parte?. Estoy seguro de que sí, aunque sea entrado el domingo gratis con la tercera edad.

Balance del festival:
Asistentes: 65.000
Precio: 170 €
Lluvia: 0 l/m2
Bandas: 163
Escenarios: 7
Área Total: 1.562.482 m2

domingo, 20 de abril de 2008

Bartolos en Escandinavia, 1ª Parte


30 Junio – 6 Julio 2004
Bartolos: Enrique “El Largo”, Paco “El Gordo”, David “El Curan”
Maestre: Ole Brockhuus “El Ule”

Todo empezó con la intención de ir a ver a los Pixies al Festimad en Madrid. Se trataba de la reunión de los de Boston después de un montón de años, y no podíamos perdérnoslo. En esto que llegó la Feria de Abril y se nos presenta el largo con un grupo de daneses y entablamos cierta amistad con el jefe: “El Ule”. Resulta que iniciamos una conversación musical regada con manzanilla en la que nos descubre la existencia en su país del Festival de Roskilde, en el cual también estarán los Pixies y David Bowie entre otros. Ahí queda la cosa pero unas semanas después, a través de Enrique, nos invita formalmente a que vayamos al festival: ¿seríamos capaces de arrancarnos?.
Rápidamente me puse a ver al cartel y era de los que echaban para atrás. Además de los mencionados estaban Santana, Iggy Pop, Morrissey y unos, para mi desconocidos, Muse, entre muchísimos más en un festival de cuatro días que se lleva celebrando ¡¡desde el año 1971!!. Total que empezamos a mover el tema del vuelo, que era lo más delicado. Tuvimos suerte y en una agencia nos pillaron un vuelo muy económico, eso sí, saliendo de Málaga. Por las fechas del mismo, resulta que al final estaríamos allí casi una semana. Contactamos con Ole y él nos compraría las entradas que le pagaríamos allí. Ya estaba todo preparado.

Miércoles, 30 de Junio
El avión sale de Málaga temprano, por lo que pasamos la noche anterior en el campamento base de Estación de Cártama. Por suerte pude viajar con el DNI tras la bartolada de mi pasaporte (bendita comunidad europea). El vuelo hacía escala en Madrid y llegamos a Copenhague sobre las tres de la tarde. Ole nos recogió en el aeropuerto y nos llevó a su apartamento, muy cerca del centro. Ya en el trayecto te das cuenta de que estás en un país bastante más civilizado que el tuyo. Lo del carril bici por todas partes era algo que me sorprendió mucho y cientos de bicicletas aparcadas en la calle sin ningún riesgo a ser robadas. Por suerte sólo han pasado 4 años hasta que en mi ciudad se ha hecho algo parecido, con el carril y las bicis de alquiler. Lo del robo de las mismas es otra historia. También te das cuenta de que es cierto el mito de las suecas y danesas. Después de comer, Ole nos llevó a Roskilde, a unos 30 km de Copenhague, para que conociéramos el recinto del festival y nos pusieran las pulseras. Una vez dentro, buscamos un lugar donde poner la tienda de campaña, ya que la intención era quedarnos a dormir en el camping al menos los días de festival. ¡Qué equivocados estábamos!. Había llovido y toda la zona era un auténtico barrizal. Finalmente encontramos un minúsculo hueco en la zona más alejada posible (la gente planta la tienda casi una semana antes de que empiecen los conciertos) y allí montamos la tienda que nunca usamos. En la ida y venida, ya tomamos contacto con la fauna que asiste a un festival como este: gente de todas las nacionalidades aunque sobre todo escandinavos, siempre bebiendo cervezas y de juerga, dispuestos a vivir durante una semana con fango hasta las cejas, pero en el fondo pacíficos, tolerantes y abiertos. Como hasta mañana no hay conciertos, nos volvemos a casa con una idea de lo que nos encontraremos.
Llegamos a Copenhague y Ole nos dio un paseo por el centro. Lo flipamos con el relojito manual que lleva en el parabrisas de su coche para registrar la hora de aparcamiento en la zona restringida. Es algo que en nuestro país no se podría concebir. Ya de paso entramos en unos grandes almacenes donde me compré un chubasquero pues no iba preparado para lo que se nos iba a caer encima. Después de unas birras y comer algo, nos retiramos a nuestras suites en el sofá y en el suelo del saloncito.

Jueves, 1 de Julio
Hacia las 4 de la madrugada ya había salido el sol, y no había formar de dormir en un piso sin cortinas ni persianas. De todas formas no estamos allí para dormir y nos levantamos pronto a desayunar. Como el largo nos había advertido que allí no salen del arenque ahumado, llevábamos provisiones de casa y nos preparábamos desayunos de lo más español. Suerte que justo enfrente teníamos un super donde comprábamos el pan. Con la leche no había tanta suerte. Creo que hasta el tercer o cuarto intento no llegamos a comprar un brick de leche de vaca normal y corriente. Siempre nos traíamos leche como vieja, de un color y sabor repugnante. Aquí en el super vimos una maquinita inédita, al menos para mi, que devolvía dinero a cambio de botellas de vidrio. Y además nos cobraban las bolsas de plástico en la caja. Tras el desayuno salimos a explorar la nueva ciudad, comimos en un kebab e hicimos tiempo hasta la hora de coger el tren que nos lleve a Roskilde (ya no está el tito Ole para llevarnos). Con un poco de acojone por si no hemos tomado el tren correcto, nos plantamos en la estación de Roskilde y emprendemos una buena caminata hasta el recinto del festival. Por el camino nos cruzamos con tipos de lo más pintoresco y multitud de campistas acarreando decenas de latas de cerveza y alguna que otra vianda. Pasamos por la zona de acampada que está toda anegada, pero a la gente no parece importarle, y finalmente entramos en la zona de los escenarios. Programa en mano, nos dirigimos al escenario conocido como Pavilion a ver a unos tal TV On The Radio. Empieza a llover (otra vez) y todos los accesos son un barrizal, pero al menos este escenario es cubierto. Las ganas de concierto compensan el bajón anímico por el mal tiempo. No recuerdo mucho del concierto pero supongo que no estuvo del todo mal. Aquí vimos por primera vez lo que después descubriríamos que era un clásico del festival: el alien inflable sodomizando a una vaca. Nos tomamos nuestras primeras Tuborg y nos asomamos al escenario Orange donde una masa impresionante de gente salta con la música de Korn. Entre la oscuridad de la noche, la lluvia y la masa de gente, me da la impresión de que ver un concierto en este escenario va a ser cualquier cosa menos cómodo. Afortunadamente estaba muy equivocado, pero eso no lo sabríamos hasta el día siguiente. Como no dejaba de llover, nos volvimos al Pavilion, que al menos no nos mojamos, y vimos a unos tal Ricochet (Rocketeer, que diría el gordo). Lo que más recuerdo de ellos es la versión de “Hit the road Jack” pero me gustaron más que los TV On The Radio. Y así acaba el jueves de festival, que es el día más flojo. Lo de quedarnos a dormir en la tienda que plantamos ayer, ni de coña. Nos vamos a casita en Copenhague a tomar una ducha calentita y dormir sequitos. Ole trabaja de voluntario en el festival y pernocta en una tienda de campaña, en una zona especial con todas las comodidades. Nos ha dejado la llave del piso.

Viernes, 2 de Julio
Ya nos vamos acostumbrando al amanecer danés, y dormimos un poco más. Tras el ritual del desayuno, otra vez salimos de excursión. Esta vez nos atrevemos a adentrarnos más en la ciudad y visitamos la plaza del ayuntamiento y las calles más comerciales del centro. Después de comer, otra vez a la estación central a coger el tren hacia Roskilde. En el trayecto asistimos a la bochornosa escena de unos españolitos que echan del tren porque no han comprado billete: “No problem”, decía uno de ellos, “next stop go out”. Nos dirigimos al Orange Stage, donde tocan Slipknot, que sustituyen de última hora a David Bowie (suspendió la gira porque le dio un jamacuco). Los Slipknot son unos descerebrados con caretas a lo Leather Face de la Matanza de Texas. Van todos con uniformes y llevan una coreografía muy estudiada que acompaña a una música muy contundente. El tiempo ha hecho una tregua y la luz del sol hace que las cosas se vean con mejor cara. Aquí observamos que delante del escenario hay cuatro zonas de seguridad donde la gente está en primera fila y muy holgada. El acceso es por los laterales y lo cortan una vez la zona está lo suficientemente poblada. Ya hay gente haciendo cola para el siguiente concierto, que serán los Pixies, así que allí vamos nosotros a hacer lo mismo. Un semáforo en verde da vía libre para entrar y salimos corriendo (como groupies, que diría el largo) para estar en primera fila. Aguantamos allí hasta bien iniciado el concierto, pero no vale la pena los apretujones. Cinco metros más atrás se ve igual de bien y sin mongolos que te empujen. No acababa de creerme lo que veían mis ojos: los Pixies. Después de tantos años que se separaron ya nadie podía esperar tener la oportunidad de verlos de nuevo. Evidentemente la reunión no tiene otra razón que la económica, pero a mi me da igual. Están tocando todos los temas que los han hecho unos clásicos y un referente para cientos de grupos. Salvo Kim Deal, todos van rapados al cero e impresionan mucho sobre el escenario. Coreando todas las canciones, llegamos al final del concierto. Breve, pero es lo que tienen los festivales. Nos vamos a buscar a Ole que trabaja en el escenario Arena; nos va a colar en la zona prohibida. Los voluntarios y currantes del festival, tienen acceso a una zona reservada donde disponen de restaurantes, bares y áreas de recreo muchísimo más acondicionados que la zona común de la chusma. Ole lo tiene todo preparado; nos pone unos petos de voluntario y a la orden de “escondeos las pulseras, no habléis con nadie, y si alguien os pregunta os hacéis los despistados”, nos cuela al backstage y de ahí a un mundo nuevo. Nos lleva a un bareto muy animado donde suena la música y todo el mundo está pasando un buen rato. Por si fuera poco, además nos ha dado tickets de comida y bebida de los que damos buena cuenta. Con el estómago lleno vamos a tomar unas birras y jugamos al futbolín. Ole se dedica a burrear a una niña y Benji (colega del Ole) me presenta a una franchute que me intento ligar sin ningún éxito. Creo que no me creyó cuando le aseguré que yo también era currante del festival. Lo pasamos muy bien, pero ya estábamos cansados después de tantas horas de festival, así que nos despedimos de la banda hasta mañana. Cuando salimos de la zona, un voluntario nos miró con cara de pocos amigos al comprobar que nos habíamos colado (nos vio las pulseras). Creo recordar que esta vez cogimos el autobús de regreso a Copenhague. Son las 2 de la madrugada.

Sábado, 3 de Julio
Bueno, un día más. Creo que pasamos la mañana güeveando en el piso. Ole nos ha dejado también el portátil, y podemos ver el correo electrónico. Hoy tenemos de primero a Iggy Pop hacia las 7 de la tarde, de modo que salimos con tiempo para estar allí a esa hora. Comienza el concierto en el Orange Stage con un sol radiante, pero al rato empieza a caer una tromba impresionante. El loco de Iggy, descamisado, comienza a correr por los pasillos de la zona de seguridad cuando más llueve. No es la primera vez que veo a Iggy Pop pero sí la primera con los Stooges. Se nota que quiere hacer el gamberro, pero la estricta organización de Roskilde no se lo permite. Cuando empieza a tocarle las pelotas a uno de los de seguridad, me da la impresión de que éste le va a devolver una colleja. Con “I wanna be your dog”, que toca por segunda vez pero con otros arreglos, finaliza el concierto. A continuación vemos a The Shins sin mucho entusiasmo en el mismo escenario, y después nos vamos al Arena a ver a Morrissey, otro de nuestros favoritos del cartel. El escenario Arena también tiene una zona de seguridad en la primera fila, y conseguimos entrar después de una larga cola. Valió la pena, vimos el concierto muy bien. Salió el Morrissey y comenzó con su repertorio en solitario. Sólo hizo un par de concesiones de temas de The Smiths, pero sonaron muchos de sus éxitos. Prácticamente entre tema y tema, se quitaba la camisa y la tiraba al público. Acabó el concierto y sonó “My Way” de música de fondo. TODA la audiencia cantaba la canción en perfecto inglés. Ya cansados nos volvimos al Orange a ver al ex-housemartins Norman Cook, a.k.a. Fatboy Slim. Vaya ambientazo que había. Y es que este tipo sabe cómo hacer bailar a la gente. La noche era cerrada y no se veía un pijo, así que deambulábamos por allí un poco zombis. Bueno es hora de volver a casa.

Domingo, 4 de julio
Hoy el día amanece espléndido. El chikitín dice que ya ha tenido barro suficiente y no quiere venir hoy al festival. Paco y yo por supuesto que no nos vamos a perder a Santana que toca a las 5. Llegamos al festival y vemos a muchos abueletes (los domingos del festival es gratuito para los jubilados). Con menos gente de lo habitual, entramos al Orange y nos colocamos perfectamente para ver a Santana. Con una banda impresionante (Dennis Chambers a la batería) comienza un conciertazo nada menos que con “Soul Sacrifice”. Como muchos temas suenan en español, esta vez somos Paco y yo los que nos sabemos las letras perfectamente. Espectacular, y con un sol radiante. El bis es apoteósico con un “Evil Ways” en el que intercala mensajes a Bush y que se fusionó con un “A Love Supreme” para finalizar. Creo que el mejor concierto del festival, para mi. Estoy muy contento, y me compro la camiseta del festival (un poco grande como pude comprobar después). Con unas cervecitas de por medio, nos vamos a ver a Muse, que Paco me había garantizado que eran demasiao. No se equivocaba. Con el tiempo me he hecho fan de esta gente. La música de Muse es apoteósica, y con sólo tres componentes en el escenario, suena muy, muy contundente. Todos los temas son buenísimos y la gente tiene la lección bien aprendida. Hay mucho público, y estamos apretujados, pero disfrutamos muchísimo. Como se suele decir, ya prácticamente está todo el pescao vendido, y sólo nos queda por ver a Scissor Sisters, que tienen para mi el único atractivo de hacer una versión muy original del “Comfortably Numb” de Pink Floyd. Además hemos hablado con Ole y lo esperaremos al finalizar el concierto para ayudarle a llevar sus pertenencias a Copenhague. El concierto de las “tijeritas” era muy divertido, con una música muy bailable. Todo muy colorido y animado. Cuando acabó, nos despedimos del festival hasta ¿el año que viene?. Vamos ahora a recoger la tienda que colocamos el primer día, aunque estuvimos a punto de pasar de ella y dejarla allí. Como íbamos muy cargados, Ole, Benji, Paco y yo pillamos un taxi que nos dejó en el piso en Copenhague.

Lunes, 5 de Julio
Con el festival acabado, ya nos podemos dedicar exclusivamente a hacer turismo. Queremos ir a conocer Cristianía, un barrio dentro de un parque que durante años fue el paraíso de los fumadores de hachís. La permisividad de las autoridades ya se ha acabado y ya no hay el consumo de antes. De todas formas el barrio sigue teniendo el mismo espíritu hippy. Cogemos un metro que nos deja cerca e intentamos subir a la torre de la iglesia de Nuestro Salvador, pero está cerrada por el mal tiempo. Entramos en Cristianía y lo primero que vemos es un mural pintado en una pared que dice que nada de fotos. Está todo lleno de mercadillos y unas terrazas con bares donde nos tomamos una birras la mar de a gusto. Después paseamos por el parque y vemos viviendas un tanto destartaladas junto al lago. Es un sitio curioso, sin duda. Después de comer, hemos quedado en el Tivoli con Ole y Benji. Yo no me encuentro muy bien. Creo que tanta agua me ha cortado el cuerpo y tengo destemplanza, de modo que no estoy para muchas atracciones. De todas formas no podemos dejar de conocer el famoso Tivoli y prácticamente no hago nada salvo ver cómo los demás se montan en las atracciones. Así pasamos la tarde-noche. Mañana nos volvemos a casa.

Martes, 6 de Julio
El avión no sale hasta el mediodía, así que tenemos tiempo de ir al centro y hacer algunas compras. Yo me encuentro cada vez peor y estoy deseando volver a casa. No tengo ganas de nada, pero la mañana pasa rápida y Ole nos deja en el aeropuerto. Nos encontramos con la mala noticia de un retraso en nuestro vuelo, pero al menos nos dan vales de comida para compensarnos. Prácticamente no como nada y sólo esperamos que llegue la hora de partir. Ya nos hemos despedido de Ole y le hemos dado las gracias por todo. Qué gran tío este Ole. Entre la escala en Madrid y otras historias, aterrizamos en Málaga casi de madrugada y nos queda un trecho hasta Sevilla. Por supuesto que no conduzco y es Paco quien nos lleva de vuelta. No me entero del viaje, lo paso dormido. Por fin en casa. Y mañana tengo que ir al curro. Si no fuera tan tonto me quedaba en cama y no iba a trabajar. Ha valido la pena. El año que viene, más.

Balance del festival:
Asistentes: 76.000
Precio: 155 €
Lluvia: 28 l/m2 (el tercer festival más lluvioso de todas las ediciones)
Bandas: 161
Escenarios: 8
Nacionalidades: 30
Área Total: 1.562.482 m2