Teatro Central
Bill Frisell: Guitarra
Ron Miles: Trompeta
Eyvind Kang: Viola
Hank Roberts: Violonchelo
Musicalmente hablando no sabía muy bien qué esperar de este concierto, pero vista la instrumentación de cuarteto que presentaba y después de escuchar su último trabajo Disfarmer (2009), lo que escuchamos anoche fue, precisamente, Americana; folk rural cargado de diferentes texturas, tempos y sonoridades. La primera composición se extendió hasta casi 50 minutos. Los cuatro instrumentistas, sentados, dispuestos en semicírculo (faltaba un braserito en el centro) concatenaron diferentes piezas ininterrumpidamente durante, como ya digo, más de tres cuartos de hora. Aburrido a veces, más interesante otras, con pequeñas secciones solistas de cada uno, lo que me parece sorprendente es que mantengan el pulso durante tanto tiempo sin descanso. Con este precedente alguno se lo pensaría dos veces para cuando llegara el momento de pedir un bis (de hecho, más de uno salió por pies a la primera oportunidad que tuvieron, cuando los músicos se despedían al finalizar el programa principal). Las siguientes composiciones fueron mucho más estándar en cuanto a duración y sólo hacia el final del set entraron en formas jazzísticas más convencionales. En general el virtuosismo brilló por su ausencia, sobre todo por parte del protagonista de la velada, Frisell. En fin, un concierto diferente. Ni bueno ni malo, sino todo lo contrario.
Ron Miles: Trompeta
Eyvind Kang: Viola
Hank Roberts: Violonchelo
Musicalmente hablando no sabía muy bien qué esperar de este concierto, pero vista la instrumentación de cuarteto que presentaba y después de escuchar su último trabajo Disfarmer (2009), lo que escuchamos anoche fue, precisamente, Americana; folk rural cargado de diferentes texturas, tempos y sonoridades. La primera composición se extendió hasta casi 50 minutos. Los cuatro instrumentistas, sentados, dispuestos en semicírculo (faltaba un braserito en el centro) concatenaron diferentes piezas ininterrumpidamente durante, como ya digo, más de tres cuartos de hora. Aburrido a veces, más interesante otras, con pequeñas secciones solistas de cada uno, lo que me parece sorprendente es que mantengan el pulso durante tanto tiempo sin descanso. Con este precedente alguno se lo pensaría dos veces para cuando llegara el momento de pedir un bis (de hecho, más de uno salió por pies a la primera oportunidad que tuvieron, cuando los músicos se despedían al finalizar el programa principal). Las siguientes composiciones fueron mucho más estándar en cuanto a duración y sólo hacia el final del set entraron en formas jazzísticas más convencionales. En general el virtuosismo brilló por su ausencia, sobre todo por parte del protagonista de la velada, Frisell. En fin, un concierto diferente. Ni bueno ni malo, sino todo lo contrario.