jueves, 4 de septiembre de 2008

El fin de las entradas en papel


Acabo de leer una noticia en la que dice que Tom Waits ha puesto en marcha un sistema de venta de entradas en el que se prescinde del soporte físico en papel. La idea es tan simple como que compras tu entrada con la fórmula habitual (Internet o teléfono) y en ningún momento obtienes un ticket en papel, sino que una vez en el recinto del concierto te acreditas con tu DNI y la tarjeta de crédito con la que hiciste la compra. El objeto, según dicen, es acabar con la reventa, pero el sistema obliga a que debe ser el comprador el beneficiario de la entrada, es decir, no puedes regalarla o comprársela a alguien. Además si no tienes tarjeta de crédito no puedes comprar una entrada. Yo, por principio, nunca compraría una entrada de reventa, y el sistema particularmente me parece un giro de tuerca más hacia la extinción definitiva de uno de mis fetiches favoritos: las entradas de los conciertos.
La degeneración que han sufrido esos entrañables trozos de papel es lamentable. Entiendo y agradezco que las nuevas tecnologías nos permitan comprar desde la comodidad de nuestra casa la entrada para un evento en la otra punta del mundo, sin necesidad de desplazamientos ni colas. Además por lo general recibes tu entrada por correo ordinario o bien te desplazas a recogerla a los expendedores automáticos cuando te venga en gana. Hasta ahí todo perfecto. Lo triste es cuando tu ticket consiste en un miserable trozo de papel con la sosa impresión de los datos del concierto. Impresión en una tinta que además con el tiempo suele degradarse hasta desaparecer. Son particularmente horrendas las entradas adquiridas a través de Servicaixa y alcanza el grado máximo de cutrerío una entrada adquirida vía cajero de Unicaja (tu entrada no se diferencia en nada de un comprobante de saldo).
Otro asunto indignante es lo de los “gastos de gestión”. Entiendo que hay que pagar por la comodidad del servicio, lo que no entiendo es por qué una entrada de 22€ tiene 2€ de recargo de distribución y en una entrada de 78€ los gastos ascienden a 8€, además siendo el mismo distribuidor y evento. ¿Qué pasa?...¿que el sistema informático de venta es más complejo en las entradas más caras?. Lo que son unos sinvergüenzas con un morro que se lo pisan.
Y ahora es cuando me pongo nostálgico. Conservo el 99.9% de las entradas de conciertos a los que he asistido. Las tengo plastificadas para mejorar la conservación, y aunque no dispongo de un álbum adecuado para ojearlas, las tengo medianamente bien clasificaditas y me encanta verlas de vez en cuando (también las escaneé todas cuando me regalaron la impresora multifunción). Hay algunas que son bonitas de verdad; con todo ese colorido, el troquelado de autenticación, el sello holográfico. Vamos, que comparado con lo que se despacha hoy día, se te caen dos lagrimones. Pero en fin, es el progreso, y la reducción de costes (para ellos, claro), y el medioambiente, y todo eso.

sábado, 16 de agosto de 2008

Blogs

Hace poco más de cuatro meses que publiqué la primera entrada. Como digo en la cabecera del blog, la intención era tener un lugar donde recopilar algunas cosillas que escribía de vez en cuando, y que habitualmente enviaba por email a los más allegados. Estos email acababa perdiéndolos, habitualmente por causas ajenas a mi voluntad, y la verdad es que me resultaba muy triste. Como se puede comprobar casi todas las entradas se refieren a crónicas de conciertos a los que he podido asistir. Me gusta escribir estas crónicas, porque son un ejercicio de memoria fantástico, sobre todo aquellas que se refieren a eventos que ya pasaron hace mucho tiempo. Resulta gratificante recordar los detalles, rescatarlos de ese recóndito rincón del cerebro condenados a la extinción, y salvaguardarlos por escrito para la posteridad (eso espero). Cierto es que me apoyo en documentos gráficos propios y ajenos, a los que recurro vía internet, pero sobre todo son cosas que saco escarbando en la memoria. Lo cierto es que me enrollo bastante, y cuando me quiero dar cuenta llevo escritas un montón de líneas, pero es que soy un enfermo de los detalles, y me cuesta renunciar a algo. A la satisfacción propia de releer lo escrito, se une la aportación de gente que de una forma u otra ha compartido contigo esa historia y venciendo la posible timidez, dejan algún comentario que enriquece el contenido con otros puntos de vista.
La verdad es que esto de los blogs es maravilloso. Hasta ahora sólo las vacas sagradas podían hacer una reseña de un concierto, o escribir una crítica de un disco. Sin embargo ahora tenemos el marco apropiado para que cada uno de nosotros, de una manera más o menos pública y alcanzando a un público más o menos extenso, podamos expresar nuestras impresiones y experiencias. Además son opiniones escritas desde el corazón y sin ningún tipo de condicionamiento editorial o motivación económica, por lo que considero que la sinceridad y veracidad es real.
Lo peor de todo esto de los blogs, es que no puedo dedicarle el tiempo que quisiera. Y no lo digo por el volumen de entradas que publico, ya que no me autoimpongo ninguna obligación ni me siento presionado por escribir cosas y tener algo nuevo que ofrecer. Lo digo porque hay cantidad de blogs interesantes, de gente que escribe muy bien y son auténticas enciclopedias musicales. Gente que comparte sus experiencias igual que yo y me resulta gratificante leerlas, reseñas a las que además me gustaría aportar mi granito de arena con algún comentario. Y además tienen la “mala” costumbre de dejar señalado quienes son sus blogs favoritos, para que entres en ellos y continuamente descubras espacios que te gustaría ojear a diario. Ya no puedo incluir a más en mi lista de favoritos. No doy abasto.
En definitiva, que me parece fantástico disponer de herramientas gratuitas y alcance de todos, sea cual sea su nivel técnico, para compartir experiencias con el resto del mundo.

viernes, 1 de agosto de 2008

Bartolos en Escandinavia, 2ª Parte

28 junio–5 julio 2005
Bartolos: Rafa “Cameraman”, Enrique "Long Man", Paco “Very Shopping”, David “Luv Luv Luv” Anfitrión: Ole Brockhuus “Ule”

Un año después allá vamos de nuevo a invadir Dinamarca. Desde el primer día que volvimos el año pasado, prácticamente día sí, día no, ojeaba la web del festival para no perder detalle de la nueva edición. Así me fui emocionando cuando se confirmaban en el cartel gente como Black Sabbath, Green Day o Sonic Youth pero al mismo tiempo me iba decepcionando cuando no aparecía gente que me hubiera hecho mucha ilusión como REM o Iron Maiden, que también estaban de gira por Europa ese verano. De todas formas estábamos decididos a volver, aunque el cabeza de cartel fuera Alejandro Sanz. Y mira que el año pasado hubo momentos malos, con tanto barro y lluvia, sin embargo este año sería un éxito total en ese sentido. De hecho si se mira el historial del festival en la web, la edición del año anterior la etiquetan como “Rain and music all days” mientras que la del 2005 es “Music and sun”. Una vez más contábamos con la colaboración incondicional de nuestro amigo danés Ole que nos lo puso todo en bandeja. En la expedición de este año se nos une Rafa, dispuesto a inmortalizar en video todas las bartoladas.

Martes, 28 de junio
De nuevo tomamos el avión desde Málaga, creo que con el mismo horario que el año anterior, de modo que nos plantamos en Copenhague a la hora de comer. Una vez más nos recogió Ole en el aeropuerto, esta vez con su flamante Morris Minor descapotable con su volante, como no, a la derecha. ¡Qué coche más bonito!...¡y qué placer viajar en él por esas calles de Copenhague con un sol radiante!. Llegamos a nuestro piso en el centro (porque ya el piso es como nuestro) a dejar los bultos y pronto nos ponemos en marcha hacia Roskilde para el ritual del anillamiento. Además Ole trabaja una vez más de voluntario y su plan es dejar el Morris en un garaje de la zona. Nos da las llaves del Clio para que le sigamos (ya tenemos las del piso y las del coche…¿se puede ser mejor anfitrión?) y con la advertencia de “cuidado con los ciclistas”, nos ponemos en marcha hacia el festival. Una vez allí nos ponen las pulseras y de nuevo nos mezclamos con la fauna festivalera. Rafa es el nuevo, y no pierde detalle con su cámara. Este año nos hemos propuesto también hacer más turismo, así que nos pasamos por la ciudad de Roskilde a visitar la catedral y el museo vikingo. Es increíble cómo se exponen barcos y utensilios vikingos que, aunque réplicas, están al alcance de cualquiera que pase por allí, y no hay el menor signo de vandalismo ni expolio, aún cuando no hay seguridad ninguna. Me reafirmo: están más evolucionados que nosotros, al menos en ese aspecto. Ya atardeciendo nos volvemos a Copenhague. Mañana nos vamos a Malmö.

Miércoles, 29 de junio
Malmö es la ciudad sueca más cercana a Copenhague. Para llegar a ella se cruza el puente de Oresund. Este trayecto de poco más de 40 km es acojonante. El tren abandona la isla danesa entrando en un tunel, para emerger en medio del canal en una isla artificial y enfilar el famoso puente que mide unos 15 km. La vista es espectacular y realizar ese recorrido sobre una de las más grandes obras de ingeniería es emocionante. Una vez en Malmö tienes que pasar por el coñazo de cambiar de coronas danesas a coronas suecas, y ya se sabe que en los cambios siempre se pierde. Nos hacemos con un mapa de la ciudad en la oficina de turismo y allá vamos cual Pepe en Alemania. Lo primero que nos impresiona son los monumentos de la ciudad, es decir, las suecas. A los pocos minutos ya nos hacía falta un collarín para proteger el cuello. Impresionante. Además el buen tiempo ayuda. Pero bueno…no es a eso a lo que vamos…que estamos felizmente pre-casados (casi todos). Nos recorremos las calles del centro, muy animadas, y comemos en una terraza la mar de a gusto. Después nos encontramos con un parque que al rato descubrimos que además es un cementerio y nos dirigimos a una zona moderna donde la gente está tomando el sol junto al mar. Muchos se pegan chapuzones en un pequeño puerto deportivo y hay muchísimos cafés donde se estaba de escándalo. Justo al lado está casi construido un rascacielos blanco con forma de tornillo del arquitecto Calatrava. “Turning Torso” se bautizó. ¿Y qué más?...pues nos topamos con un molino tradicional, un castillo medieval, un submarino del año de la polka. Fantástica jornada.

Jueves, 30 de junio
Hoy empieza el festival, pero hasta las ocho y pico de la tarde que comienza el primer concierto de nuestra agenda, tenemos tiempo de hacer lo que nos plazca. Tras un reconfortante desayuno (no he dicho que llevamos una paletilla entera loncheada) queremos volver a visitar Cristianía. De camino volvemos a pasar por la iglesia de Nuestro Salvador que esta vez sí que está abierta al público. Subimos hasta lo más alto por una escalera infinita en forma de caracol y la vista de la ciudad es impresionante. Fotos dignas de postal. Bajando vemos que un mongolo llamado Manuel Cabral a dejado su firma grafitera en uno de los maderos antiquísimos de la iglesia. Ya en Cristianía disfrutamos de nuevo de este oasis hippylongo que luce espléndido. Vale la pena darse una vuelta por aquí. Pero se acerca la hora de abrir el festival, así que cogemos el coche que nos ha prestado el “Ule” y enfilamos hacia Roskilde. Dejamos el coche en un parking habilitado cercano al recinto del festival (por supuesto que aquí estas cosas son gratuitas y no hay gorrillas ni alimañas por el estilo) y por fin plantamos los pies, un año más, en este fantástico festival. La emoción te lleva a querer verlo todo con mucha ansiedad, así que recorremos todos los escenarios sin pararnos mucho a escuchar. Hay mucho ambiente y todo el mundo está con muchas ganas. Como veteranos que somos tenemos que enseñarle todo “al nuevo” y pronto caen las primeras Tuborg. Se acerca la hora de la primera cita importante: Sonic Youth en el Arena Stage. No es que sea un gran fan de ellos, pero tenía ganas de verlos en directo. Menos ruidosos de lo que me esperaba, se notaba que son un grupo con muchas tablas y se percibía la fuerte personalidad de cada miembro en el escenario. Me gustaron. Después tocaban unos desconocidos para mi Mastodon y me llevé una gratísima sorpresa con ellos. Hacen un buen hardcore y son buenos instrumentistas. Aunque no conocía una sola de las canciones, sonaban tan bien que te enganchaban. Nos tragamos el concierto entero. Y de propina trinqué una de las baquetas que lanzó al público el batería, Brann Dailor. Hoy también tocaban los Velvet Revolver, pero tuvimos que elegir entre ellos y los Sonic Youth. Y hasta aquí el primer día de festival. Nos volvemos (solos) en coche a Copenhague y no sin cierta dificultad conseguimos llegar a nuestro destino.

Viernes, 1 de julio
Éste va a ser el día grande del festival, de modo que no madrugamos y descansamos, porque nos espera un buen tute. Pronto cogemos el “Super Clio” y nos lanzamos a esas estupendas autopistas danesas en dirección a Roskilde. Es curioso que aún a plena luz del día y con un sol radiante, todo el mundo circula con las luces puestas, y como “donde fueres, haz lo que vieres”, nosotros hacemos lo mismo. Esta vez aparcamos en un segundo parking un poco más alejados y accedemos al recinto por una zona que no habíamos visitado anteriormente. Hay entretenimientos de todo tipo. La gente salta en una inmensa lona inflable. Alguno se apunta a un extraño reto que consiste en alcanzar la máxima altura apilando cajas de botellas y subido a ellas. Otros hacen escalada. Otros juegan al basket. No estoy seguro pero creo que esta mañana se ha celebrado la tradicional carrera nudista y tengo entendido que este año se ha acondicionado un lago para el baño. En fin, mucho más que un festival de música. Pasamos a los escenarios y nos dirigimos a ver a unas tal The Be Good Tanyas. Son tres chicas canadienses que hacen un country-folk muy melódico con unas voces muy bonitas. Una de ellas toca el banjo y otra la mandolina. Había leído que solían interpretar alguna versión de Neil Young pero no hubo suerte, aunque no faltó “In My Time of Dying”. De aquí nos fuimos a ver a Audioslave, esto es, el ex-Soundgarden Chris Cornell y los ex-Rage_Against_The_Machine Tom Morello, Tim C. y Brad Wilk. Este tipo de “Supergrupo”, no siempre cumple con las expectativas, pero en el caso de Audioslave creo que si. Chris Cornell está en un gran momento de voz y Tom Morello es un virtuoso guitarrista de una técnica y personalidad tremenda. En el setlist no faltan los tributos a las bandas de procedencia que, evidentemente, son los temas más coreados. Por cierto que todavía no he hablado de cómo suena la música en el impresionante Orange Stage. Es simplemente de una calidad y nitidez insuperable y además a un volumen brutal. De hecho, muchos usan protectores para los oídos. Casi sin finalizar el concierto nos ponemos en la cola para acceder a la zona de seguridad delante del escenario para el siguiente concierto…los más grandes del festival…Black Sabbath. Voy a hablar un poco más de la seguridad en Roskilde. Después de la tragedia en el año 2000, cuando 8 personas murieron en una avalancha durante el concierto de Pearl Jam, el asunto de la seguridad es prioritario para la organización. Aparte del habitual cacheo en los accesos, disponen delante del escenario principal de hasta cuatro zonas de seguridad separadas entre sí por pasillos. Estas zonas se desalojan y limpian tras cada concierto y sólo acceden a ellas un número limitado de personas. Si estás dentro, estarás casi en primera fila y tendrás dos líneas de contención traseras y una lateral, con lo cual el peligro de avalancha es casi inexistente. Impiden que accedas a la carrera. Si alguien se sube a los hombros de otro, inmediatamente lo mandan bajar. La vigilancia es continua y suministran todo el agua que solicites. Todos deberían tomar ejemplo de este tipo de medidas. Aún así, siempre hay aspectos que mejorar. Bueno, a lo que vamos, que está a punto de empezar Black Sabbath. Ver a este grupo en su formación original es un lujo al alcance de pocos. Ozzy tiene la voz más cascada que nunca, y suelta gallos continuamente, pero la entrega es innegable. Y que decir del gran Iommy a la guitarra; éste sí que está en plena forma. Es un guitarrista excepcional. El resto de la banda no se queda corto, y en el setlist no faltan clásicos como “War Pigs”, “Iron Man” o “Paranoid”. Fantástico. Nos volvemos al coche y… ¡sorpresa!...¡nos hemos quedado sin batería!. Algún bartolo (yo) se dejó las luces encendidas, aunque la bartolada es comunitaria por no estar todos pendientes. Joder, era imposible echarlo a arrancar empujando. Rápidamente se acercaron algunos de la organización que insistían en que debíamos llamar a una grúa y dejar de estorbar con el coche. Llamar a un grúa a las dos de la madrugada en Dinamarca con un coche prestado se me antojaba fuera de nuestro alcance. Ole no contestaba (normal, estaba trabajando en el festival). Por suerte se retiró el pesado que insistía con lo de la grúa y se acercó un voluntario que andaba por allí y nos dijo que intentaría echarnos un cable. Nunca mejor dicho, pidió a un tipo que salía con su coche que lo acercara a ponerle un biberón al nuestro. Nos salvó la vida. Gracias daneses, como quiera que os llamarais. No se nos volverán a olvidar las luces, seguro.

Sábado, 2 de julio
Tercer día de festival y quinto desde que llegamos. Hoy queremos tirar para el festival tempranito por lo que comeremos alguna guarrería allí mismo. A las 15:00 Paco nos arrastra a ver a un tal Khonnor, en el escenario Metropol. No doy crédito a lo que ven mis ojos: dos tipos con máscaras de osito detrás de unas mesas haciendo unas mezclas de lo más coñazo. Uno de ellos lleva una camiseta donde se lee “I’m not Khonnor”, evidentemente para que todo el mundo sepa a quién deben darle las collejas. Les damos alguna oportunidad más pero nos piramos al Arena a ver a Fantômas. Definitivamente no estábamos preparados, pero están Mike Patton y Trevor Dunn ahí arriba, así que hay que quedarse. Entre temas de no más de 30 segundos en algunas ocasiones y totales cacofonías vocales e instrumentales, se intercalan geniales versiones cinematográficas y temas más convencionales de todos los estilos posibles. Encerrado dentro de una batería saturada de platos y timbales estaba el gran Terry Bozzio, aunque eso no lo supe hasta mucho después cuando llegué a casa. Bueno, esto no ha hecho más que empezar y se acerca la primera cita importante del día: Foo Fighters en el Orange. Aunque no conozco la discografía del ex-Nirvana suponíamos que estaría bien, y así fue. El atrezzo del escenario era muy original, simulando amplificadores apilados y desorganizados. Hacia la mitad del concierto Dave Grohl se subió a la torre de control y siguió tocando desde allí arriba, regalando una bonita estampa para una buena foto. Ninguna versión de Nirvana, que yo recuerde. Se acaba el concierto, desalojamos la zona, y volvemos a acceder sin problemas para ver ahora a Green Day. De esta gente sí que conocemos los discos y tenemos expectación por ver cómo se portan. Para calentar el ambiente sale al escenario un gilipollas enfundado en un disfraz de conejo y botella en mano hace tonterías al son de canciones como “YMCA” de los Village People. La gracia supuestamente está en que parece totalmente borracho, aunque probablemente todo forme parte del show. Cumple su cometido, no obstante. Y ya por fin salen los chicos de Green Day comenzando con su reciente “American Idiot”. Continúan con temas de su último álbum intercalando los éxitos de sobra conocidos. El trío original llevan un segundo guitarrista de soporte, supongo que para compensar las limitaciones técnicas de Billie Joe. Hacia la mitad del concierto ocurre algo que, aunque totalmente preparado, no dejó de entusiasmarme. Resulta que Billy Joe se dirige a la audiencia y solicita a alguien que quiera tocar la batería. Miles de personas levantan la mano y suben al escenario a un elegido. Tre Cool le cede su puesto y le pide que lleve un ritmo facilón. Sin problemas. Ahora piden a un bajista. “¡Solo hay que tocar tres notas!”, advierte Billy Joe. No faltan de nuevo voluntarios y aúpan a otro de las primeras filas, le cuelgan un bajo, y Mike Dirnt le enseña las tres notas que empieza a tocar al ritmo machacón de la batería. Por último piden a un guitarra. “¡Sólo tres acordes!”, claro. Una vez más seleccionan a un tipo que verdaderamente sabía poner los tres acordes (bueno, hasta yo hubiera sido capaz). Joder, de pronto hay tres espontáneos subidos al impresionante Orange Stage delante de miles de personas tocando una canción (facilona) junto a Green Day. Estuvo muy original, aunque supongo que esta rutina la repetirán en todos los conciertos. Para finalizar la gracia y como broche de oro, Billy Joe le dice al espontáneo que puede quedarse con la guitarra, ¡que se la regala!. El tipo no da crédito y da las gracias de rodillas. Supongo que una vez en el backstage, sin testigos, le darían dos collejas y guardarían la guitarra para el próximo show. O quizás no. El espectáculo continúa y llegamos al final en un apoteósico bis con “We Are the Champions”. Esto es apuesta segura, eh?. Bueno, ya ha acabado y nos vamos corriendo a ver The Raveonettes al escenario Arena, aunque el concierto ya ha comenzado. Estamos ya realmente reventados y nos volvemos a buscar el coche. En el camino vemos a Duran Duran tocando en el Orange, pero será en otra ocasión, gracias. Esta vez el coche arranca sin problemas.

Domingo, 3 de julio
Día de puertas abiertas para los jubilados rockeros. Una vez más nos presentamos allí tempranito pues habíamos oído hablar bien de unos tal The Go! Team, que actuaban a las cuatro de la tarde en el Odeon. Caca-de-la-vaca. Parecían la versión anglosajona de los Parchís. Nos tumbamos en el césped a papear y tuvimos una charla animada con unos abueletes de la comarca. Nos relataron cómo venían al festival ya en los años 70. Entrañable y admirable. A las 16:00 nos vamos a ver a Jamie Cullum al Arena. Este chico pretende ser la versión teenager de Frank Sinatra, y la verdad es que no canta mal. Además toca el piano y la guitarra, y hace una versión de “The Wind Cries Mary” del Hendrix. En el fondo me parece un niñatillo para quinceañeras, aunque el repertorio sea de mucha calidad. Ahora me enfrento a la indecisión de ver a Brian Wilson en el Orange o quedarnos a ver Interpol en el Arena. Finalmente pasamos del chico de la playa y nos quedamos con los elegantes neoyorkinos. No estaban mal pero no recuerdo mucho más. Y colorín colorado, el festival para nosotros se ha acabado. Ya de retirada vemos en el Orange a Juan Luis Guerra con sus 4.40 (supongo). Es curioso que había muchísima gente viéndolo, a pesar de que el último día (domingo) muchos festivaleros ya están de vuelta a sus respectivos países. Buscamos a Ole para dejarle su coche y nos volvemos en tren. Ya estamos llegando al fin de la escapada, aunque aún tenemos un día y pico por delante.

Lunes, 4 de julio
Hoy toca turismo. El año pasado con la lluvia pasamos por la ciudad sin pena ni gloria, pero esta vez el sol acompaña y apetece mucho la bartolada del paseo en barquito por los canales. De entrada pensé que no valdría la pena, pero me equivoqué. Te pegan un paseo tremendo y ves zonas muy interesantes de la ciudad. Además te acercan hasta la sirenita, que el año pasado ni siquiera nos pasamos a saludarla. La audio-guía es en inglés, claro. Ya digo, una travesía muy interesante y agradable. De vuelta al muelle de Nyhavn, con todas esas bonitas casas de fachadas de colores, nos tomamos unas superbirras y almorzamos por la zona. Después algunas compras para nuestros amorcitos y poco más. Los niños salen de excursión por la noche pero vuelven pronto. Yo me quedo en el piso del “Ule” gastando muchísimos euros por teléfono.

Martes, 5 de julio
Último día. El avión una vez más sale a mediodía, así que pasamos la mañana una vez más en el centro. Son los días previos al festival de jazz de la ciudad, y en una plaza cerca del ayuntamiento un cuarteto de cuerda toca entre otras “Uncle Meat” de Zappa. Cachisenlamar que no llevo la cámara encima!. Todo está muy animado pero tenemos poco tiempo. Ole lleva a algunos en el coche y otros tomamos el tren hacia el aeropuerto. Allí nos despedimos de nuestro danés favorito y de nuevo le damos mil gracias por todo. Por cosas de los vuelos disponibles, yo viajo en un primer vuelo sólo y los otros tres bartolos en otro vuelo que sale más tarde. Nos veremos en Málaga donde yo he ido a por el coche y los espero para partir a Sevilla. Y hasta aquí la segunda entrega de las crónicas Roskilderas. Esta vez sí que tenemos muchas ganas de volver otro año, pero hasta ahora no ha sido posible y creo que no lo será en algún tiempo. ¿Habrá una tercera parte?. Estoy seguro de que sí, aunque sea entrado el domingo gratis con la tercera edad.

Balance del festival:
Asistentes: 65.000
Precio: 170 €
Lluvia: 0 l/m2
Bandas: 163
Escenarios: 7
Área Total: 1.562.482 m2

martes, 22 de julio de 2008

¡Los Beatles!...¡Qué rollo!

Pasaba yo esta tarde por la Fnac cuando me topo con tres chavalillos de entre 16 y 18 años ojeando los posters. Uno de ellos lleva una camiseta de Motorhead y los otros dos camisetas similares de grupos desconocidos para mi. En esto que se paran ante un poster de la portada del Abbey Road. Voy a intentar transcribir de memoria la conversación entre ellos:

Sujeto 1: Estos...¿QUIÉNES SON?...
Sujeto 2: Son los Beatles
Sujeto 1: ¿Los Beatles?...éstos estan muertos...¿no?...
Sujeto 3: SUPUESTAMENTE sí...están muertos...
Sujeto 2: Estan todos muertos MENOS UNO....el batería...Ringo Starr...
Sujeto 3: Éste es John Lennon. Era el guitarra rítmica. ¡NO VALÍA PA NÁ!...
Sujeto 1: ¡Los Beatles!...¡Qué rollo!

Lamentable

domingo, 13 de julio de 2008

Keep On Rockin' in the Free World

12 de julio de 2008, Festival Optimus Alive!, Oeiras

Lo que ayer noche presencié va a ser difícil de superar. Cualquiera que me conozca sabe de mi pasión incondicional por Neil Young, de modo que podrá decir con razón que no soy nada objetivo en esta crónica. Sin embargo estoy convencido de que no puedo estar tan cegado y que lo que ayer experimenté era totalmente auténtico.

Nos plantamos bien cerquita del escenario poco antes de que finalizara su actuación un, para mi desconocido, Donavon Frankenreiter. Al poco se despidió del escenario y comenzaron los movimientos de los técnicos para el cambio de equipo. El hormigueo en el estómago me decía que aquello iba en serio. Observé que ya en la derecha estaba plantado el indio de madera, vigilando a la audiencia. Junto a él, el atril donde colocarían los dibujos introductorios de las canciones. En el fondo del escenario, una estructura con letras y números aparentemente aleatorios. Al poco, asoma la narizota del fiel Larry Cragg trasteando con el equipo del tito Neil. El piano pintaraqueado, el teléfono rojo, el ventilador gigante. Y lo más emocionante: del techo colgaba el famoso órgano con forma de pajarraco. Delante del micrófono de Neil, colocan en el suelo una serie de marcos propios para poner las fotos de la familia, pero que en realidad llevaban unos papeles con lo que sospecho sería el setlist. Sin embargo ¿para qué tantos?. No lo sé. Ya vamos con retraso, pero queda poco. Se asoman Ben Keith y Anthony Crawford a hacer alguna prueba de sonido y en un momento dado ya está toda la banda en un lateral del escenario esperando que aparezca el gran jefe.

Por fin aparece Neil Young vestido con la camisa, pantalones y chaqueta que luciría un pintor de brocha gorda. Se cuelga su Old Black y arranca el riff de "Love and Only Love". Más de 10 minutos de descarga brutal que pasan volando para continuar con una de mis favoritas y de lo más grande que ha escrito Neil Young en su carrera: "Powderfinger". Durante este tema veo salir hacia atrás desde las primeras filas a un grupo de chavalillos con cara de: ¿Quién cojones es este viejo que está en el escenario?. ¡Criaturitas!. ¡Algún día os arrepentiréis!. Continuamos con "Spirit Road", de su último trabajo "Chrome Dreams II". Aquí cambia su guitarra por otra Les Paul pero le dura poco tiempo porque a continuación nos ofrece una joya: "Cortez the Killer". Si no me equivoco es la première en esta gira y una verdadera sorpresa por la que le estaré eternamente agradecido. Es la tercera vez que lo veo pero es la primera vez que me la ofrece. La cosa está la mar de calentita. Hasta ahora no podía ir mejor y va a más. Arranca "Rockin' in the Free World" aunque Neil se queda sin sonido en su guitarra. Rápidamente Larry Cragg corre a solucionar el problema mientras el resto de la banda mantiene el acorde y ritmo inicial. Neil no puede esperar más y comienza a cantar antes de que que el problema se solucione. Está con muchas ganas. Se le ve eufórico, haciendo gestos con el puño mientras canta con gran energía. Salta, aporrea su guitarra, y contagia su euforia al resto de la banda. Y aquí veo algo que me pone los pelos de punta: comienza a descender el órgano alado. ¡Como me toquen ahora el "Like a Hurricane" ya me puedo ir a casa!. Sin embargo una vez abajo lo vuelven a izar. Quizá fue arrebato de Neil el tocar este tema (¿para qué si no lo iban a bajar?) pero la cordura le hizo replantearlo. Interpretar "Like a Hurricane" hubieran sido diez minutos más en el mejor de los casos y hubiera alargado demasiado el concierto (después venía Ben Harper, que aún así comenzó el concierto con más de media hora de retraso). En fin, todo esto no son más que conjeturas mías.

Comienza el set acústico con "Oh, Lonesome Me", una precioa canción que no es suya, pero como si lo fuera, y después se sienta en el Pump Organ a tocar la tan apropiada en estos tiempos "Mother Earth". Creo que no es una cuestión de oportunismo. Sinceramente creo que siente cada una de las frases que canta. Después "The Needle and the Damage Done"; una canción tan breve como grande entre las grandes, para continuar con "Unknown Legend" y "Heart of Gold", que para ser sincero, fueron las dos únicas que no me dijeron gran cosa en el concierto. Hasta que llegó la preciosa, emocionante y sentida "Old Man", con Larry Cragg al banjo. Esta canción me eriza los pelos cada vez que la escucho, de modo que oirla en directo por el propio Neil tocándola para mí...no tengo palabras.

Con "Get Back to the Country" nos electrificamos de nuevo. Un tema muy dinámico y un poco sorprendente verlo incluido en el setlist, pero muy agradecido. Finaliza y Neil se cuelga su Gretsch blanca para, como no, ofrecernos "Words", de más de diez minutos también. Aunque esto no es nada para lo que vendrá a continuación: el Tour de Force, la Monster Song, como la queramos llamar, alrededor de 25 minutos de "No Hidden Path". Un riff persistente que se repite a lo largo de todo el desarrollo pero con la extraña peculiaridad de que necesitas oirlo una y otra vez, que te sabe a poco. Una misteriosa letra. Una estrofa recursiva: "Ocean sky, sea of blue, let the sun wash over you". Neil que saca aullidos a su Old Black frente a un enorme foco de luz amarillenta (una estampa para inmortalizar en foto). Impresionante.

Y con este pedazo de tema acaba el concierto. Saludos al respetable y abandonan el escenario. Estoy convencido de que habrá al menos un bis pero no las tengo todas conmigo por los retrasos. Algunos técnicos deambulan por el escenario y me da miedo que suene la música ambiental. Pero afortunadamente aparecen de nuevo para obsequiarnos con un regalo como es una versión de "A Day in the Life" de los Beatles. Ver a Neil Young interpretar un tema tan hermoso no tiene precio. Además es un tema poco ortodoxo, que se las trae por sus cambios, y que en las manos de Neil hace que pase de una delicadeza y belleza absoluta en las primeras estrofas a una salvajada total en el fin in crescendo, con la Old Black tirada por los suelos y con todas las cuerdas destrozadas. No sé que más decir. Gracias Tito Neil por este buen rato y espero volver a verte.

La banda:
Neil Young: Guitarra, Voz, Armónica, Pump Organ
Ben Keith: Guitarra, Steel Guitar, Órgano, Voz
Rick Rosas: Bajo
Chad Cromwell: Batería
Pegi Young: Voz, Vibráfono
Anthony Crawford: Voz, Piano, Guitarra
Larry Cragg: Banjo

El Setlist:
Love and Only Love
Powderfinger
Spirit Road
Cortez the Killer
Rockin' in the Free World
Oh, Lonesome Me
Mother Earth
The Needle and the Damage Done
Unknown Legend
Heart of Gold
Old Man
Get Back to the Country
Words
No Hidden Path

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A Day in the Life

martes, 8 de julio de 2008

Yo fui a Rock in Rio


5 de julio de 2008, Ciudad del Rock, Arganda del Rey, Madrid

Y eso que pensaba no ir. Pero es que últimamente estoy sembrao y gracias a un concurso de Toyota me hice con dos entradas para los conciertos del sábado. Consistía en contar por teléfono “la mayor locura que hayas hecho por tu artista favorito”. Locura, lo que se dice locura, no he hecho ninguna, pero me acordé de cómo en el año 2004 en cierto modo perseguí a David Bowie primero hasta Dinamarca y luego hasta Santiago de Compostela, para que finalmente me dejara tirado al suspender la gira. Pensé que podría sacar partido al disgusto y así fue. Increíblemente mi historia fue la ganadora.

Me comunicaron lo del premio el miércoles, así que tuve que correr para organizarlo todo. Tendría que buscar un acompañante, ya que Lidia lamentablemente no está en disposición de salir de gira, y por puntuación de baremo se lo ofrecí a Iván, que aceptó casi sin pestañear. El contacto en Toyota (gracias Ana Gómez por todas las atenciones) nos citó en la “Ciudad del Rock” el mismo sábado a la hora de apertura de puertas, a las 17:30, y allí nos hizo entrega de las entradas. El premio incluía además un pase de backstage.

Celebrar el Festival Rock in Río en Arganda del Rey me parece tan ridículo como celebrar un festival de Woodstock en Dos Hermanas. El recinto estaba en una zona desértica de lo más desalentadora y hacía bastante calor, aunque conforme avanzaba la tarde la temperatura pasaba a ser realmente agradable. Una vez dentro parecía casi un parque de atracciones, con su noria, pistas de skate, una rampa helada para deslizarse sobre unos donuts, tirolina. Todas las atracciones eran gratuitas y yo me hubiera lanzado por la tirolina si no fuera por la tremenda cola. Innumerables fuentes brotaban del suelo con fuerza para refrescar a cualquiera que lo desease, lo cual está muy bien por el calor, pero a mi me parecía un derroche de agua tremendo (tenía entendido que proteger el medio ambiente era una de las máximas del festival).

Ana nos había citado en el chiringuito de Toyota donde nos regalaron unas camisetas y merchandising variado. Unos chicos la mar de simpáticos me hicieron una entrevista que grabaron y filmaron y a continuación una chica de la organización nos llevó a todos al famoso backstage. Fuimos a la parte de atrás (muy atrás) del impresionante Escenario Mundo y allí visitamos la zona de recreo y los camerinos de los artistas. Conocimos a un paisano que se dedicaba a poner copas y nos cruzamos y nos hicimos unas fotos con gente que pasaba por allí como Rosario Flores y los ex-Ketama Antonio y Juan Carmona. Era el único “artisteo” que andaba por allí a esas horas ya que poco después actuarían como los “Flamenco All Stars”. Y poco más. La verdad es que teníamos los movimientos muy limitados. El pase no era precisamente un “Access All Areas”, pero fue una bonita experiencia.

Después de todo esto ya nos dejaron a nuestro aire, con el compromiso de hacer más tarde de nuevo una entrevista esta vez para Cadena 100, que también era partícipe del concurso. Esta entrevista no llegó a producirse por ciertas circunstancias. Nos fuimos al escenario “Hot Stage” a ver a Suzanne Vega. ¡Qué cabrones!. El nombre del escenario viene que ni pintado, ya que a esa hora (sobre las 7 de la tarde) estaba tocando la pobre Suzanne con todo el solano de frente. Refugiados a la sombra vimos un concierto breve y muy agradable, que finalizó con la preciosa “Marlene on the Wall” y las manidas “Luka” y “Tom’s Diner”. A continuación subió Zucchero al escenario, pero nos fuimos a dar una vuelta con la esperanza de ver algo más interesante. Finalmente acabamos de nuevo en el escenario Mundo donde iba a comenzar el concierto de Estopa. Me caen muy bien los “hermanicos” pero su música no entra precisamente en mi discoteca. De todas formas no teníamos nada mejor que hacer, así que vimos el concierto tumbados a la bartola en el césped artificial y a la sombra. A nuestras espaldas, la zona VIP, a kilómetros de distancia del escenario, donde la gente guapa e importante se había gastado un pastón por no perderse un acontecimiento así, pero con todas las comodidades. Tras el concierto salimos huyendo de allí, ya que a continuación venía Alejandro Sanz. Aprovechamos entonces para ir a comer algo, pues ya apretaba el hambre. Después de más de media hora haciendo cola conseguimos que nos sirvieran unas semi-vomitivas pizzas y baguettes, de las que dimos buena cuenta mientras al fondo berreaba A.S.

Y ya por fin nos acercábamos a la hora de la única razón por la que estaba allí: el concierto de The Police. Puntual a las 00:15 comenzó a sonar “Get Up, Stand Up” por los altavoces y a continuación saltaron al escenario un barbudo Sting, un tremendamente viejo Andy Summers y un canoso Stewart Copeland. Sí, ya sé que más viejos están Mick Jagger y Keith Richards, pero es que ellos no se han ido nunca, y se nota menos. El setlist parecía sacado de un Greatest Hits edición doble. No faltó ni uno sólo de sus éxitos. Personalmente hubiera prescindido de “Demolition Man” y la hubiera cambiado por “Bring on the Night”, “Synchronicity II”, o por “Murder By Numbers” para bordarlo. Sting estuvo muy bien en la voz (dentro de sus limitaciones, claro). Andy Summers me pareció por momentos genial y por momentos torpón con las seis cuerdas. Y Stewart Copeland sigue siendo un pedazo de batería y uno de mis favoritos de siempre. Me resultaron originales y extraños los acordes de introducción de muchas de las canciones. Supongo que uno tiene grabadas con fuego la versiones originales, que además están muy bien producidas. También me gustó mucho la interpretación de “When The World is Running Down” (con su guiño a "Hey Joe"), aunque por otra parte un tema tan potente como “So Lonely” me sonó realmente flojo. Tras dos bises y casi dos horas de concierto, se despidieron definitivamente (impresionante el cierre con "Next To You"). Ha sido increíble poder verlos juntos después de más de 20 años.

Y hasta aquí mi periplo por RiR. Ya sólo quedaba el infierno de más de 50000 personas desalojando un parking. No sé si habrá más ediciones pero yo sólo digo: “Bring RiR Back Home”.

Repertorio.
Message in a Bottle
Walking on the Moon
Demolition Man
Voices Inside My Head / When The World Is Running Down
Don't Stand So Close to Me
Driven To Tears
Hole In My Life
Every Little Thing She Does Is Magic
Wrapped Around Your Finger
De Do Do Do, De Da Da Da
Invisible Sun
Can't Stand Losing You/Reggatta De Blanc
Bis I.
Roxanne
King of Pain
So Lonely
Every Breath You Take
Bis II.
Next To You

sábado, 7 de junio de 2008

Concierto de los Mil Años de Pop Internacional


8, 9 y 10 de Julio de 1993, Estadio Riazor, A Coruña
Es increíble la cantidad de festivales que se programan este año en España. Está claro que existe una guerra abierta y que se pisotean unos a otros compitiendo por el mejor cartel y la mejor fecha. Festivales históricos como el FIB y el Festimad se están resintiendo y a duras penas sobreviven en un mercado que está a punto de colapsarse. Ya veremos quién queda.
Pero hubo un tiempo en que un festival era algo excepcional. Salvo los fijos de toda la vida, como los mencionados y el extinto Espárrago, sólo tenían lugar como parte del programa de algún evento importante. Tal fue el caso del Xacobeo 93, donde se celebró en A Coruña un festival de tres días con un cartel, en mi modesta opinión, no superado hasta ahora.
Hoy día con internet es una gozada buscar información y comprar una entrada, pero hace 15 años, de estas cosas te enterabas de casualidad. Recuerdo que un buen día nos encontramos unos carteles, en blanco y negro, fotocopiados, escritos a mano, donde se anunciaba la organización de un viaje a La Coruña (entonces no era A Coruña) para unos conciertos en julio. El precio eran 15.000 ptas e incluía la entrada para los tres días de conciertos, autobús ida y vuelta a La Coruña y estancia de tres días en un camping. El cartel incluía a Eric Clapton, Neil Young, The Kinks, Sting, Gary Moore, James Brown, John Mayall, Chuck Berry y muchos más. Cito a estos porque eran entonces, para mí y mis colegas, el gancho para arrancarnos. El viaje lo organizaba un tipo que trabajaba en los Estudios Centrales de grabación en Sevilla. “Plazas limitadas”, advertía el cartel.
Nos pusimos a reunir las pelas. A mi personalmente me supuso unas 15 horas de clases particulares para financiarme el evento. Éramos cinco: Juanjo “Precario”, “Bluesman” Joaquinito (ahora jazzman), Marcos “Forever Carrión”, el gran artista Melo Bakale y un servidor. Con la pelas reunidas fuimos al estudio y abonamos. Nos dieron un sospechoso recibo y quedamos emplazados para el día de la salida: 8 de julio a las 01:00h.
La ida.
Puntuales nos presentamos en el punto de partida en la Alameda de Hércules. Nos hicieron entrega de las entradas (en el ticket ponía “Concierto de los mil años de pop internacional”), y con más de una hora de retraso emprendimos el viaje infernal hasta A Coruña. Infernal porque son más de 1.000 km. Infernal porque no hay forma de dormir en un autobús lleno de fumetas con la música sonando a todo volumen. Infernal porque todo el trayecto el autobús estuvo haciendo ruidos raros, hasta que reventó en Salamanca y tuvimos que esperar en una gasolinera hasta que trajeran otro para continuar el viaje. E infernal porque estaba claro que llegaríamos tarde para el primer concierto.

Primera Jornada.
Finalmente llegamos a nuestro destino y tras dedicar tiempo a plantar la tienda en el camping, por fin llegamos al estadio Riazor donde un cartel anunciaba que Gary Moore y James Brown se habían caído del cartel. En su lugar actuarían Wilson Pickett y Bo Diddley. Lo de Eric Clapton fue un invento de alguien. Creo que nunca se confirmó su actuación. Con cierto malestar por los cambios, entramos en el estadio donde ya había comenzado el concierto de George Benson. Previamente había actuado Chris Isaak pero nos lo perdimos entero, aunque no lo lamentamos mucho.
George Benson.- Como ya dije, lo pillamos comenzado. Este hombre sólo lo conocía de haberlo visto en una de las sesiones del festival Leyendas de la Guitarra en el 91. Es un gran guitarrista a pesar del corte comercial de muchos de sus temas. Solíamos bromear diciendo que su música sonaba a banda sonora de peli porno. Con algún éxito que reconocimos pasamos un rato agradable.
Neil Young con Booker T. & The MG’s.- Por mi parte, una oportunidad única y desaprovechada. Me gustaba mucho Neil Young, aunque sólo conocía tres discos como Harvest, Old Ways y Freedom. Cuando salió al escenario con la banda sólo pude reconocer a Steve Cropper (también por el festival Leyendas de la Guitarra). Mi inmadurez musical hizo que pasara desapercibido la presencia en el escenario de gente como Booker T. Jones, Donald “Duck” Dunn y Jim Keltner. Con el repertorio pasó lo mismo. No pude saborear lo que me estaban ofreciendo pues no conocía muchas de las canciones. Sólo los temas de Harvest y Freedom me resultaron familiares, y por supuesto la versión de “All Along the Watchtower”. Si ese concierto lo pillara ahora…¡como cambiaría todo!. Se puede encontrar en la red una grabación en video de un concierto en Torhout (Bélgica) de la misma gira. Me sirve al menos para revivirlo.
Sting.- Con Sting fue distinto. Era fan de The Police y también conocía sus discos en solitario. Presentaba entonces su último disco “Ten Summoner's Tales” y conocía a la banda y más o menos el repertorio de un concierto en Barcelona que emitieron por TVE. En la batería estaba Vinnie Colaiuta, que mucho después conocí por los discos de Zappa, y un tal David Sancious en los teclados (que además tocaba la guitarra igual de bien). La voz de Sting deja mucho que desear pero el concierto me resultó muy satisfactorio. A destacar una versión buenísima de “A Day in the Life”.


Segunda Jornada.
Nos levantamos y al acudir a los baños del camping descubrimos que son una auténtica pocilga. Después bajamos un rato a la playa e hicimos tiempo hasta la hora de los conciertos.
The Kinks.- Joder…otra oportunidad perdida. Estaba viendo nada menos que a los hermanos Davis y yo estaba más pendiente de mezclar bien el whisky con la coca cola (¿debería decir cherry cola?). De todas formas conocía más canciones de los Kinks que lo que yo pensaba (estoy harto de buscar el setlist en Internet pero no hay forma). El concierto era a plena luz del día y aún cuando no sabía muy bien si estaban en un buen momento de su carrera, a mi me parecieron que estaban en plena forma. Me gustaron mucho.
Bob Dylan.- Con mucha expectación esperaba el concierto de Dylan. Más que nada por el halo de leyenda que lleva consigo. Por supuesto que conocía mucho de su obra. Sobre todo me gustaban el “Highway 61 Revisited” y “Bringing It All Back Home”. Era la primera vez que lo veía en directo y entonces no sabía que es un maestro destrozando sus propias canciones. Da mucha rabia no reconocer una canción suya hasta bien iniciado el estribillo. Pero él así. Es Bob Dylan y lo sabe.
Eric Burdon-Brian Auger band.- Para mi era simplemente Eric Burdon. A Brian Auger ni siquiera lo conocía (¿tercera oportunidad perdida?). Sonaron varios temas de los Animals fácilmente reconocibles y también interpretó el tema “Monterey”. Por lo demás no recuerdo mucho más. Sólo una gran voz y muy enérgico en el escenario.
Robert Plant.- Sale al escenario la voz de Led Zeppelin. Todo el mundo, incluido yo, sólo esperaba escuchar temas antiguos, y afortunadamente hizo suficientes concesiones. El repertorio prácticamente era una canción suya y a continuación una de los Zeppelin, por lo que la gente disfrutó lo justo. De la banda que lo acompañaba no recuerdo nada reseñable.
John Mayall.- Y para finalizar la jornada el padre del blues británico con la enésima formación de los Bluesbreakers. Aquí empezó a llover por lo que se deslució todo bastante. Tuvimos que refugiarnos en la grada y el cansancio hizo mella en mi, de modo que incluso pegué alguna que otra cabezada (imperdonable).


Tercera Jornada.Echamos la mañana visitando la ciudad hasta la hora de inicio de los conciertos. En esta ocasión me requisaron la cámara de fotos en la entrada.
Wilson Pickett.- Un auténtico showman el hombre de la tierra de las 1000 danzas. Con un speaker que arengaba continuamente a la audiencia, se marcó un conciertazo lleno de soul y grandes canciones. Se le veía muy en forma y llevaba una gran banda. Descanse en paz.
Bo Diddley.- Ha sido precisamente la reciente noticia de su fallecimiento lo que me ha hecho rememorar el concierto que viví aquel día y lo que me ha lanzado a escribir esta pequeña crónica del evento. Bo Diddley será un clásico y es innegable su influencia en grupos imprescindibles de la historia del rock, pero en directo es un petardo. Él mismo reconoce (reconocía) que toca su guitarra rectangular como si estuviera tocando un tambor, y así sonaba. En poco más de una hora de concierto, se limita a extender hasta el infinito sus grandes éxitos como “Hey Bo Diddley” o “Who Do You Love”, intercalando artificios como juegos de piernas imposibles, lamentables punteos pseudo-flamenquitos, y el baile estelar en el escenario de una criatura de unos tres añitos (hijo de algún roadie, supongo). En fin, lo que se dice agradecer estar viendo a una leyenda pero poco más. Al menos en mi opinión.
Jerry Lee Lewis.- Un gilipollas. Su concierto duró una media hora. Se ve que le molestaba que un cámara de la organización le filmará desde el foso delante del escenario, así que no se le ocurre otra cosa que levantarse y pegarle una patada a la cámara. La gente comenzó a corearle toda clase de improperios, así que cuando se escuchaban los insultos por encima de su propia voz, se levantó del piano y se largó, dejando a su banda tocando sola y con cara de circunstancia. Los pobres terminaron la canción, se miraron unos a otros, y evidentemente se fueron, finalizando así el concierto. Quizá este tipo de acciones las haga a propósito con el único fin de que la gente siga hablando de él, ya que hace 30 años que debía haberse retirado. En fin, gran recuerdo que guardo de él.
Chuck Berry.- Es más esperado de la jornada y un poco decepcionante, la verdad. No porque no diera un buen concierto sino porque esperaba mucho más de él. La mayoría de la gente a mi alrededor no conocía más que el estribillo de “Johnny B. Goode”, y se empeñaban en cantarlo en prácticamente todas las canciones, aunque en realidad estuviera sonando “Carol”, “Little Queenie” o cualquier otra. Hacia la mitad del concierto, Chuck Berry se acercó a la primera fila de la audiencia prometiendo que interpretaría cualquier petición que le hicieran. Finalmente parece ser que alguien le pidió que tocara “Maybelline” y así lo hizo. Nunca sabremos si estaba todo preparado o realmente ocurrió así. Creo recordar que casi al final del concierto por fin tocó el “Johnny B. Goode” que todo el mundo esperaba y con algún que otro baile del pato se despidió sin ni siquiera hacer un bis. La gente pedía a gritos algún tema más pero se limito a pegarse una carrerita estúpida por el escenario para dejar a la gente con la miel en los labios.

La vuelta.Esta vez sí que pudimos dormir en el trayecto y fue todo mucho mejor. Prácticamente no me enteré.
P.D. Nunca me ha quedado claro si lo de “Concierto de los 1000 años” era por los 1000 años de historia de la ciudad o porque las edades de los intérpretes sumaban precisamente eso: 1000 años.