jueves, 19 de marzo de 2009

La Música Contada

Para los que no la conozcan, la Música Contada es una producción malagueña ciclo de discofórum que consiste en que un invitado, habitualmente músico, hace una selección de canciones que han significado algo en su vida, y las “pincha” ante la audiencia a modo de programa radiofónico introduciéndolas e intercalando comentarios y anécdotas propias o ajenas sobre las mismas. A veces el propio artista interpreta en directo canciones y se cierra la sesión con un turno de preguntas al invitado. Se han celebrado más de 150 sesiones en distintas ciudades andaluzas y he podido asistir a varias de las que se han celebrado en mi ciudad. Quiero decir que me parece una idea extraordinaria y hasta ahora todas las experiencias han sido muy satisfactorias. Y es que, a alguien que le gusta la música, pocas cosas le gustan más que hablar de música. Y pocas cosas le gustan más que escuchar a alguien hablar de música. Y de eso trata la Música Contada, de hablar de música y de paso acercarte un poco más a ella y al invitado.
Ayer noche asistí a la sesión protagonizada por José Ignacio Lapido. En su cuidada selección musical incluía mucho blues, Byrds, Animals, Cream, Hendrix, Creedence y muchos más que nos fue presentando y comentando. En tres ocasiones cogió su guitarra, y nos obsequió con “Baby what you want me to do” de Jimmy Reed, “My back pages” de Dylan y “For no one” de los Beatles. Se nota que lo suyo no es hablar ante una audiencia sino tocar para ella, pero el hombre hizo un gran esfuerzo por hacer la sesión amena y lo consiguió. En mi opinión, lo mejor fueron sin duda sus interpretaciones. En el turno de preguntas, la inevitable “¿Volverán 091?” y otras más interesantes a las que respondió gustoso y con sentido del humor. La mayor revelación para mi: saber que este hombre, que ha trabajado con gente como Joe Strummer, se dedica ahora a hacer guiones para folletines de televisión, aunque sigue componiendo y editando discos bajo su propio sello.
Para finalizar, agradecer a la productora y al director de LMC Héctor Márquez hacernos pasar un rato tan agradable. Dicen que vuelven en octubre. Allí estaré seguro. Y ojalá continúen con esta idea durante mucho tiempo.

jueves, 12 de marzo de 2009

Ciclo de Jazz Rising Stars

Se cumplen ahora 10 años del ciclo de Jazz Rising Stars. Este ciclo financiado por la Obra Social Cajasol (antes Caja San Fernando) es una de las mejores ocasiones que tenemos los sevillanos de disfrutar de buen jazz en unas condiciones inmejorables. La mecánica del festival siempre es la misma. Siempre cuatro actos, entre enero y abril aproximadamente. Siempre actuaciones replicadas en Sevilla, Cádiz y Jerez. Siempre gratuito. Y casi siempre figuras jovenes emergentes en el panorama jazzístico, aunque a veces disfrutemos de veteranos consagrados. En las diversas ediciones a las que he asistido he podido ver a gente de la talla de Peter Erskine, Chris Potter o Charlie Hunter. Además es habitual que al finalizar la actuación el artista en cuestión monte su chiringuito y venda directamente sus CDs, dándote la oportunidad de conversar con él y, cómo no, que te firme o te escriba una dedicatoria en el libreto.

El pasado martes asistí al concierto de Sangha Quartet incluido en el programa de este año y ocurrió algo que nunca había pasado. Se suspendió. Estábamos ya acomodados en el salón de actos de la calle Chicarreros, en primera fila, cuando el encargado de seguridad nos invitó a desalojar la sala. Al parecer debió salir ardiendo algún cuadro eléctrico porque se personaron varias dotaciones de bomberos, aunque la cosa no fué a mayores. El caso es que estaban funcionando con un sistema de alimentación de emergencia y estaba más que justificada la suspensión del concierto. Una gran decepción, porque el acto del día era de los grandes. Sangha Quartet son el saxofonista Seamus Blake y el pianista Kevin Hays acompañados de Sean Smith (en el CD Larry Grenadier) al bajo y el gran Bill Stewart a la batería. Casi ná. Si no tuviera la situación familiar actual, esta noche hubiera ido a verlos a Jerez. Pero no se puede tener todo. Al menos tuve la ocasión de hablar con ellos. Mientras los bomberos evaluaban la situación, me acerqué al hall del edificio y allí estaban los cuatro con caras de circunstancias. Llevaba preparados varios libretos de CDs para que me los firmaran y me acerqué a ellos e intercambié algunas palabras. Todos muy amables, sobre todo Bill Stewart, que con una educación exquisita me atendió y me firmó todo lo que le puse por delante. Ellos mismos se aventuraban a afirmar que seguramente tocarían, pero no pudo ser. Tuve que ahogar las penas con un par de birras con los amiguetes. En fin, otra vez será. Y ojalá este magnífico ciclo se celebre al menos por diez años más.

lunes, 23 de febrero de 2009

¿Dónde está Rockberto?

Ya se ocultaba tras una maraña de marihuana en la portada del anterior disco, pero esta vez se oculta, o lo ocultan, de su trono como voz de Tabletom. Es significativo y en gran parte decepcionante que en más de la mitad de los temas del disco, la voz de Roberto sea testimonial. Entre el cada vez mayor protagonismo de los hermanos Ramírez en la voz, colaboraciones Delinqüentes y largos desarrollos instrumentales, al gran Rockberto lo están jubilando parcialmente. Esta tendencia se apreciaba cada vez más en los directos y va camino de convertir a Tabletom en algo distinto de lo que era. Ni mejor ni peor, distinto. Pero, ¿podría Tabletom subsistir sin Roberto?. Creo que no. Curioso que en el disco se alardee de "Producto 100% Tabletom". En lo musical continua la línea del anterior "7000 Kilos": complejos desarrollos instrumentales, virtuosismo, letras de Juan Miguel González...conformando un disco soberbio, de los que ya no se hacen, al menos por estas tierras. Y es que Tabletom son muy grandes. Es una pena que no tengan un reconocimiento mayor como se merecen. Siempre he pensado que con una promoción como la que disfrutó en su momento el Koala, temas como "El reggae del amor", "Paco" o "El vampiro" serían un pelotazo. Pero parece que están condenados a un ámbito poco más que local aunque no les faltan fieles seguidores. Al menos mientras siga Rockberto al pie del micro.

Y ahora un poco de memoria. Conocí a Tabletom a través de un casete que me pasó un compañero en la facultad, allá por el año 92. Su descripción fué: "parecen unos catetos pero son unos músicos del copón". El disco en cuestión era "Inoxidable" y lo grabé en la cara B de una cinta compartida por "Échate un cantecito" de Kiko Veneno. Escuchaba esta cinta a todas horas y me volví adicto. Pude verlos por primera vez en directo cuando vinieron al Fun Club poco después (¿alguien recuerda la fecha exacta del concierto?) y después en varias visitas a la feria de Málaga donde son practicamente fijos todos los años, en el Espárrago, más veces en Sevilla... y es en estos conciertos donde he podido ver cómo las voces de los Ramírez cobran cada vez mayor protagonismo. La verdad es que si no te conoces las letras es imposible entender una sola palabra a Roberto en directo. Pero hay que verlos. Pocas veces puedes disfrutar de tan buenos musicazos juntos en un escenario. Y pocas veces disfruta uno tanto como berreando esas letras tan geniales y viendo a ese personaje que es Roberto González. Un gustazo.

viernes, 2 de enero de 2009

En memoria de Soraya

Una maldita meningitis se ha llevado hoy a Soraya. Tenía sólo 34 años. La vida es muy injusta. No debería haber muerto una buena persona como Soraya cuando hay por ahí tanto indeseable suelto. No hay consuelo para nadie. Y menos para ti, Miguel. Recuerdo perfectamente como la conociste, porque yo estaba allí contigo. Debió ser por el año 94 o 95. Maribel nos había prometido unas invitaciones para ver a Manu Chao. Pero en el último minuto apareció Soraya y se fué con ella. La pusimos a parir, ¿te acuerdas?. ¿Quién iba a decir entonces que poco tiempo después se convertiría en la mujer de tu vida?. La vida es injusta a veces, sí. E irónica como ella sola. Esta mañana, cuando entraba en el hospital veía salir bebés recién nacidos, mientras a Soraya la llevaban al mortuorio. El mismo papelito amarillo que certificaba el nacimiento de mi hijo hace tres meses, es el mismo papelito amarillo que te han dado a ti, Miguel, para certificar el fallecimiento de Soraya. Estamos todos muy tristes pero sabes que estaremos cerca tuya para lo que necesites. Un abrazo muy fuerte.

viernes, 5 de diciembre de 2008

15 Años sin el maestro


Hizo ayer 15 años que un cáncer de próstata se llevó al posiblemente más grande músico del siglo XX. Sirva como homenaje el recordatorio de cómo lo descubrí y cómo lo sigo disfrutando hasta la fecha.

Corría el año 1988 cuando Juanjo, amigo del instituto, me habló de que había grabado en video un concierto de Frank Zappa que echaron por la tele. Juanjo es de fiar. En esos tiempos descubría muy buena música gracias a él. Pero su falta de efusividad sobre el video hizo que no me interesara demasiado. Me contaba que “la banda suena muy bien” pero que “los temas son muy raros” y además “se pone a dirigir la banda como si fuera un director de orquesta, con batuta y todo”. En fin, que pasó sin pena ni gloria. Sólo de pensar que en esas mismas fechas tocó también en Sevilla y que perdí la oportunidad…me tiro de los pelos.

Tuvieron que pasar al menos dos años hasta que llegó a mis manos material de Zappa. Mi amigo Joaquín, que empezaba entonces a interesarse por tocar la guitarra, me pasó un casete con dos discos: “Apostrophe” y “Overnite Sensation”. Recuerdo que escuchaba la cinta en las tardes de estudio y algo empezó a cosquillearme en el estómago. Tuve que dejar de escucharla mientras estudiaba; “Camarillo Brillo” no paraba de rondarme por la cabeza. Algún tiempo después me pasó un doble vinilo repleto de solos de guitarra. Nunca había visto ni escuchado nada así. Me llamó mucho la atención el título de las canciones; cosas como “But Who Was Fulcanelli?” o “Where We Ever Really Safe in San Antonio?”. No fue hasta mucho después que descubrí que en realidad se trataba de fragmentos de canciones cuyo título original no tenía nada que ver. Me resultaba duro escuchar un doble así, pero algo me hacía escucharlo una y otra vez. Este fue sin duda el punto de inflexión, pues al poco sentí la necesidad imperiosa de ir a la tienda de discos a por más. También debió ser por esta época que me enteré de la noticia del fallecimiento del maestro. Recuerdo haber escuchado algún especial en la radio. En Radio 3, supongo.

Así que me planté en la añorada Sevilla Rock, me fui a la “F” de “Frank” y empecé a ojear un montón de CDs con unas portadas la mar de originales. No tenía ninguna referencia y tuve que arriesgarme. Y el riesgo suele ser menor con una grabación en directo, así que el destino me llevó al “Bongo Fury”, a pesar de que la portada probablemente era la más horrenda de todas. La escucha en casa me confirmó que había acertado en la compra. “Carolina Hardcore Ecstasy” me enganchó desde la primera escucha, y eso que aún no sabía de qué iban las letras. Más, necesito más, y no pasó mucho tiempo hasta que volví a la tienda y me agencié “Cruising with Ruben & The Jets”. Tras la primera escucha me dije…¿qué tomadura de pelo es ésta?, por momentos pensé que no era un disco de Zappa sino de unos tal Ruben & The Jets de los años 50. No escarmentado con ello volví a la tienda y esta vez me llevé el “Weasels Ripped My Flesh”, ya en la edición de Rykodisc, con su cajita verde muy chula. Esto ya era otra cosa, aunque en principio me resultó también duro de escuchar. Ya estaba totalmente enganchado y el mono por conseguir más material era cada vez mayor. ¡Cuántas veces tuve en mis manos el hoy casi ilocalizable “Civilization Phaze III” y nunca me atreví a comprarlo!.

El primer doble que compré, “The Best Band You Never Heard in Your Life”, me emocionó de verdad. El título lo decía todo. Nunca había escuchado una banda tan tremenda y sigue siendo así hasta la fecha. Fue tal el impacto, que no paré hasta conseguir “Broadway The Hard Way” y “Make a Jazz Noise Here”, ambos de la misma gira. Particularmente siempre me han gustado las grabaciones de conciertos enteros, con una misma banda y en una misma localidad. Nadie como Zappa para tocarme los cojones en ese aspecto, sobre todo en la serie de 6 dobles YCDTOSA. Ya por entonces descubrí que incluso resultaba más barato comprar los discos directamente por correo a Rykodisc, y así fueron llegando varios directamente de Londres a mi buzón. Fue por esta época cuando conocí a mi gran amigo Iván, también zappiano hasta la médula, que me prestó muchos discos del bigotes y hacíamos pedidos conjuntos para compartir gastos.

Con la llegada de internet y el descubrimiento de El Tercer Poder (la biblia de Zappa en español), la obra de Zappa adquirió para mi una dimensión inigualable por nada o nadie de lo que había escuchado. Poco a poco fueron cayendo todos sus discos y hasta la fecha todavía me faltan por conseguir una decena de sus títulos. En una obra tan descomunal encuentras de todo y a veces resulta difícil saber dónde termina el genio y comienza la farsa. En una ocasión me pilló mi hermano in fraganti escuchando "The Chrome Plated Megaphone of Destiny". Me preguntó, textualmente, ¿esto que suena es así o es que está estropeado el disco?. Pero me gusta. Y tengo tanto que descubrir todavía que me resulta emocionante. Comparado con algunos tipos que conozco (virtualmente) no soy más que un aficionado. Además están los herederos de su legado, que hacen lo posible por explotar el filón, publicando periódicamente nuevos títulos con más o menos acierto.

Bueno, como todo lo que diga de este hombre es poco, voy a finalizar. ¿Qué hubiera podido hacer este hombre con una herramienta como internet en sus manos?. Una pena que no siga entre nosotros.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Five Peace Band, Málaga 17/11/2008

Teatro Cervantes. 23 Festival Internacional de Jazz

Chick Corea: Piano, Teclados
John McLaughlin: Guitarra
Christian McBride: Bajo
Kenny Garrett: Saxo
Vinnie Colaiuta: Batería

Por enésima vez toca viaje relámpago a Málaga para no perdernos un evento irrepetible (mayores barbaridades hemos hecho). En esta ocasión se trataba del nuevo proyecto de Chick Corea con John McLaughlin denominado Five Peace Band. Esto es, los dos maestros secundados por los no menos maestros Kenny Garrett al saxo, un sobradísimo Christian McBride al bajo, y el terror de las catholic girls el gran Vinnie “toco_con_quien_haga_falta” Colaiuta a la batería.

Comienza el set en plan acústico con Corea y McLaughlin interpretando a dúo el standard “Some Day My Prince Will Come”. Aquí empezamos a percibir trazos de lo que con posterioridad se desarrollará ampliamente. Y digo a percibir, que no ver, porque desde mi posición me daban la espalda. Afortunadamente solo fue el principio. Inmediatamente sale el resto de la banda e inician una enérgica composición de McLaughlin denominada “Raju”. La mano derecha de John vuela punteando las cuerdas, McBride se ha colgado un bajo eléctrico y nos da una idea de lo que sería capaz de hacer en una banda de rock, Garrett se asoma de vez en cuando y deja claro que podría ser quien manda si él quisiera y Colaiuta desconcierta a cualquiera que no lo conozca sobre si lo suyo es el jazz o el rock. A continuación se presenta “The Disguise”, una composición de Corea especialmente para esta banda, mucho más relajada que el tema anterior y donde Corea toma más protagonismo, aunque no excesivo. De hecho diría que en todo concierto es el que menos se prodiga en su instrumento. Sin prisa pero sin pausa viene ahora otra composición de McLaughlin “New Blues Old Bruise” que nos conduce a la joya de la noche: la suite “Hymn to Andromeda” de Chick Corea (le tocaba el turno, claro). Un tema éste en varios movimientos que pasan por distintos estilos y que, sin conocerlo, al finalizar algo te dice que has escuchado algo muy grande. Habrá que revisitarlo en algún bootleg que haya por ahí. Entre bromas presentan e interpretan ahora un blues de Jackie McLean denominado “Dr. Jackle” donde McBride y Garrett literalmente se salen, para finalizar el set con “Señor C.S.”, de McLaughlin y perteneciente al álbum “Industrial Zen”, al igual que la anterior “New Blues Old Bruise”.

Tras esta pieza, se despide la 5PB para volver con un muy breve bis, donde interpretan el clásico “It’s About That Time” de Miles Davis (me consta que en otras ciudades han tocado la pieza con “In a Silent Way”), pero se ve que iban con prisas, aunque el concierto ha pasado de las dos horas. Y dos horas precisamente es lo que nos queda de camino de vuelta a Sevilla, así que no perdemos mucho tiempo, el justo para comentar el concierto con el amigo liZtero José Luis a quien tuve el placer de conocer junto a su pareja. Una saludo JL, y espero que volvamos a coincidir en otro sarao de estos.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Herbie Hancock, Sevilla 01/11/2008

Teatro de la Maestranza. Ciclo Grandes Intérpretes

Herbie Hancock: Piano, Teclados
James Genus: Bajo
Lionel Loueke: Guitarra, Voz
Gregoire Maret: Armónica
Kendrick Scott: Batería

Un año más, es el mes de noviembre cuando tenemos la oportunidad los sevillanos de ver figuras del jazz de primer orden, aún cuando el programa de los teatros Maestranza y Central están habitualmente lejos de la calidad y cantidad del vecino Teatro Cervantes malagueño, al menos en cuanto a jazz se refiere.
Aunque asegura que ha tocado en Sevilla tres o cuatro veces, es la primera vez que tengo la oportunidad de ver a Herbie Hancock. Se presentaba en el moderno y hermoso Teatro de la Maestranza con una formación poco usual, por la inclusión del armonicista Gregoire Maret, el cual tuvo el mayor protagonismo de cuantos músicos pisaban el escenario, incluido el propio Herbie. Ya lo conocía de haberlo visto en el Pat Metheny Group, mas del resto de componentes de la banda no tenía ninguna referencia.
El repertorio fue breve en cuanto a número de temas pero no así en cuanto a la duración del show, que si no me equivoco se alargó hasta las dos horas y media. H.H. comunica mucho con el público y con bastante sentido del humor, aunque los chistes a menudo sean más bien malos. Parece que el nivel de inglés de la audiencia era bastante aceptable, ya que reían las gracias en el momento oportuno. Comenzó el set con “Actual Proof”, de los tiempos de Head Hunters, dando la impresión de que que el repertorio iba en la línea funky. La cosa se calmó un poco continuando con “Speak Like a Child”, de su etapa con Miles Davis, y una composición al parecer de Wayne Shorter titulada “V” (de “Visitor” como bromeaba Hancock). En este primer tercio del concierto ya pudimos recrearnos en varias ocasiones con el virtuosismo de Gregoire Maret. Tocar un instrumento como la armónica cromática es poco agradecido en cuanto a las poses que obligaba adoptar a nuestro amigo. Por otra parte uno no puede evitar en ciertos momentos pensar en el “afilaor” del barrio.
A continuación se presenta una composición del guitarrista Lionel Loueke, denominada “Seven Teens” y que tiene su gracia en el título pues es una compleja composición en 17/4. No acaba aquí su protagonismo pues continúa con una pieza en principio improvisada donde también improvisa en la voz al más puro estilo Mike Patton. Es el turno ahora de Hancock sólo al piano en una pieza también improvisada creo. Hasta aquí el grueso del concierto, poco uniforme en cuanto a estilos y composiciones, pero lo suficientemente agradable como para que hayan pasado casi dos horas sin darnos cuenta.
Y de pronto el riff que todo el mundo reconoce. El superhit que han popularizado US3 y varios anuncios de televisión: Cantaloupe Island. Esto es apostar a caballo ganador, ya lo sé, pero me da igual. Me hubiera ido del concierto insatisfecho si no la hubiesen tocado. Es de estas canciones que podría estar sonando 30 minutos ininterrumpidamente y no me cansaría de ella. Se despiden de la audiencia, no sin antes dejar programada la intro del tema que sonaría como bis y fin del concierto: la también previsible Chameleon. Aparece Hancock con uno de esos teclados colgados que usan los teclistas para sentirse guitarristas por unos minutos. Empezamos con funky y terminamos igual. Con una sucesión de (innecesarios) “duelos” entre Hancock y el resto de instrumentistas llegamos al fin de la velada. Hasta la próxima ocasión, con otra banda distinta a buen seguro. Satisfecho.