sábado, 23 de julio de 2016

Iron Maiden, Sevilla 14/07/2016

+ The Raven Age

Estadio Olímpico

Bruce Dickinson: Voz
Steve Harris: Bajo
Dave Murray: Guitarra
Adrian Smith: Guitarra
Janick Gers: Guitarra
Nicko McBrain: Batería

Yo, he visto cosas que vosotros no creeríais. Tatuajes derretirse como mantequilla en una sartén. He visto 15.000 pollos apiñarse en un gol norte. Oro líquido en macetas de 9 leuros. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia...salvo que lo escriba en el blog.


Bueno, empecemos con la organización. Hay que ser muy cabrón para meter a tanta gente en un espacio de pista tan reducido. Estoy acostumbrado a los apretujones pero lo del concierto de Maiden pasó de castaño oscuro. Con todo un Estadio Olímpico disponible...echad el escenario 20 metros más atrás. Miserables, que sois unos miserables. Claro, es que así el alquiler es más caro pero, a 84 pavos la entrada, yo creo que está más que pagado. De todas formas yo vi el concierto en pista en una posición privilegiada. Lo vi claro y me adelanté a todos. No contaré el secreto.

Vamos ahora al ambiente. Espectacular. La emoción y las ganas flotaban en el aire. A la sombra del viaducto del Alamillo, cientos de jóvenes y no tan jóvenes, de melenudos y calvos, de caballeros y doncellas, bebían, escuchaban música y cantaban, sobretodo cantaban, muchas de las tonadas que sonarían esa noche en apenas hora y media. Navegabas por ese mar de camisetas negras con letras rojas y era como ver un cortometraje de la vida, obra y milagros de ese ser diabólico llamado Eddie, que esta noche se reencarnaría en dios maya.


The warm up corrió a cargo del grupo The Raven Age, grupo del hijo de Steve Harris. Vamos, unos enchufaos. No es que toquen o suenen mal pero el estilo de metal melódico no encaja con los Maiden. No obstante los muchachos se vieron entregados y por momentos consiguieron enaltecer a la audiencia que en ese momento creo que lo que único que deseaba es que entrara Iron Maiden cuanto antes. Pero no sería hasta las 10 de la noche, con puntualidad británica.

Los acordes de Doctor Doctor de UFO empiezan a sonar y ahora, sí que sí, llega el momento. Pequeñas avalanchas, empujones, brazos y puños en alto con el inevitable móvil en el extremo, caras de felicidad...los cinco minutos de canción se hacen eternos, y por fin, cae el telón que deja ver ese escenario inspirado en la civilización maya, con sus pirámides y todos sus avíos, para empezar el concierto con la épica If Eternity Should Fall. Un Bruce Dickinson en envidiable forma corretea por el escenario enfundado en...¡un forro polar!...¿está majara o qué?. El espectáculo es el espectáculo, y si para empezar el concierto ha decidido que es el mejor atuendo pues, el calor no importa. Parece mentira que Dickinson haya sido operado recientemente de un tumor en la bebían. Está ahí, como si no hubieran pasado treinta años del Live After Death. Y están todos: Harris, Murray, Smith, Gers y McBrain. Dicen los puristas a mi alrededor que esto sí es Maiden de verdad y no lo que vino a Dos Hermanas en el 98.


Aunque no he querido ver previamente el setlist, sé de buena tinta que tocan todas las noches el mismo repertorio. El show está ensayado al milímetro y no hay sitio para la improvisación. Entiendo que si te apoyas en una escenografía muy cuidada y currada, no puedes estar cambiándola noche tras noche. Pero bueno, no importa demasiado habida cuenta de que no voy a volver a verlos en esta gira. De hecho es la primera vez que veo un concierto de Iron Maiden. Debo reconocer que empecé a interesarme por ellos muy tarde y en mi juventud eran el blanco de burlas y críticas del sector blusero de la pandilla hacia el sector heavy de la misma. Juegos de niños. Bueno pues parece que el concierto se va a basar en el último disco, cosa que me parece de P.M., ya que es un discazo y están aquí para eso. La gente se lo sabe al dedillo y canta y corea con la misma intensidad que cuando empiezan a aparecer las joyitas del pasado, como Children of the Damned. Aunque cuando suena The Trooper...eso ya es otra cosa. Es ver a Dickinson con la casaca y la Union Jack y todos perder la cabeza. Un éxtasis que que ya no decayó hasta que terminó la siguiente Powerslave. "Screeeaaam for me Seville!!!". Muy emocionante.


Es en The Book of Souls cuando Dickinson se conjura a los dioses mayas ante un humeante caldero consiguiendo que aparezca en escena el Eddie de la portada, de más dos metros, con taparrabos, obsceno, amenazando a todos con un hacha...¡hasta que Dickinson le arranca el corazón y lo lanza al público!. Muy teatral y divertido. A partir de aquí se enfila la recta final con un también muy emocionante Fear of the Dark y que acaba con el tema que da titulo a canción, álbum y grupo. Todo un clásico.


A estas alturas ya está todo el mundo exhausto. El calor y la emoción hace mella pero sabemos que queda un bis, que tiene que ser muy especial. No puede empezar mejor, con ese tributo a la bestia, 666 que jalea todo el mundo para seguir con una también épica Blood Brothers y terminar con otro clásico pero que, no sé, no me parece la mejor forma de acabar un concierto como este. En fin, acabó todo. Lo hemos pasado bien y la gente parece contenta en general. Una asignatura menos. Peste de organización, aunque el desalojo del estadio ha sido el más limpio y rápido que he visto en mi vida.

Setlist:
If Eternity Should Fail
Speed of Light
Children of the Damned
Tears of a Clown
The Red and the Black
The Trooper
Powerslave
Death or Glory
The Book of Souls
Hallowed Be Thy Name
Fear of the Dark
Iron Maiden
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The Number of the Beast
Blood Brothers
Wasted Years


martes, 19 de julio de 2016

Joe Satriani, Sevilla 08/07/2016

Sala Custom

Joe Satriani: Guitarra, (Voz y Armónica en Big Bad Moon)
Mike Keneally: Guitarra, Teclados
Bryan Beller: Bajo
Marco Minnemann: Batería

Gusta la Sala Custom de traer a esos que mi amigo Carrascus llama guitarristas virtuosos coñazos. A ver, así que yo recuerde y haya estado: Paul Gilbert, Steve Vai, Guthrie Govan...ya tocaba Joe Satriani. No hace mucho que lo vi en Córdoba con esta misma banda pero en un reciento más grande. Esta vez esperaba algo más cercano, más directo. El precio de la entrada lo merecía. De momento lo que me encontré fue un calor insoportable. A los laterales del escenario estaban en marcha los clásicos ventiladores de la Custom y que tanto alivian a las primeras filas pero el aire acondicionado no parecía funcionar. O funcionaba muy bajito. En fin, es lo que hay, aunque después he descubierto qué pasaba.


Con absoluta puntualidad empieza el show con el tema que da título al último álbum, Shockwave Supernova (2015). No he escuchado mucho el disco, apenas unas cuantas escuchas los días previos del concierto y vía Spotify. No me ha entusiasmado y en eso coinciden algunos colegas. La verdad es que los últimos discos de Satriani no dicen gran cosa y observo que la banda está desaprovechada. Seguro que en directo será diferente. Como si me hubiera escuchado, rápidamente cambia de tercio con un triplete ganador como son Flying in a Blue Dream, Ice 9 y Crystal Palace, que nos devuelve a los dorados finales de los 80 donde maravilló a todo el mundo con ese Surfing with the Alien (1987) y siguientes.


Al final de If I Could Fly ocurre lo que quería explicar antes...¡se va la luz!. La banda se queda a oscuras ante la sorpresa de todos, ellos los primeros. Sin que falte el humor Marco Minnemann aporrea su batería, que para eso no necesita amplificador, y Satriani bromea diciendo que la culpa es de Keneally, que toca demasiadas notas. Parece ser que un problema de bajada de potencia generalizado en todo el polígono hacía que el consumo tuviera que estar bajo mínimos, para que no "saltaran los plomos", como así ocurrió, de ahí que el aire acondicionado estuviera prácticamente apagado. Pero bueno, rápidamente se restablece la corriente y continúan el concierto con más Shockwave Supernova, que para eso lo están presentando. Es una pasada el elenco de guitarras de Satch, a cual más bonita y colorida. Y por cierto, dice la wikipedia que ronda los 60 tacos...¡pero si parece un chaval!...¡cómo se conserva el tío!.


Unos prescindibles solos de batería y teclado (por un momento creo que Keneally se va a arrancar un Eat that Question zappiano) no llevan directamente al superhit Always with Me, Always with You, ese tema cuya intro de guitarra tocaba todo aquel que pasaba a probar una guitarra en Musical Ortiz en el año 91. Un gran tema sin duda que nos llena de nostalgia. Aunque el momento nostálgico total fue ya en el cierre del set principal y el bis con exactamente los mismos temas que tocó en Sevilla en aquella legendaria noche de "las guitarras locas" previa a la EXPO '92. Hablo por supuesto de Satch Boogie, Big Bad Moon y Surfing with the Alien. Está claro que tiene que recurrir a los mismos ases después de más de 25 años.

Dos horas de calor.

Setlist:
Shockwave Supernova
Flying in a Blue Dream
Ice 9
Crystal Planet
On Peregrine Wings
Friends
If I Could Fly
Butterfly and Zebra
Cataclysm
Summer Song
Drum Solo
Crazy Joey
Keyboard Solo
Luminous Flesh Giants
Always with Me, Always with You
Bass Solo + Rock Medley
God Is Crying
Goodbye Supernova
Satch Boogie
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Big Bad Moon
Surfing with the Alien


miércoles, 13 de julio de 2016

Chris Cheek Quintet, Sevilla 21/06/2016

Monasterio de la Cartuja

Chris Cheek: Saxo Tenor, Saxo Soprano
Jorge Rossy: Batería, Vibráfono
Jaume Llombard: Bajo
Pierre Perchaud: Guitarra
Jordi Matas: Guitarra

Empecé a interesarme por el jazz allá por el año 1991, cuando el Festival de las Leyendas de la Guitarra. Como ya conté por aquí, cada día estaba destinado a un estilo y, en la noche del jazz, me quedé flipado con gente que no había visto nunca como George Benson, Stanley Clark o John McLaughling. Yo venía del rock y lo que me gustaban eran las guitarras, por lo que esa inmersión en el Jazz fue de forma natural a través de ese instrumento. Una cosa lleva a la otra y rápidamente te das cuenta que la guitarra no es precisamente el instrumento predominante en el jazz sino más bien los metales por lo que empecé a escuchar a gente como Charlie Parker, Dizzy Gilespie y Chet Baker. Entonces descubrí a un grupo que conciliaba lo que más me gustaba del jazz y del rock. Un grupo en el que militaban dos baterías, un bajo eléctrico y dos saxofones distorsionados con pedales wah-wah. Se llamaban The Bloomdaddies y pude verlos en un concierto del Festival de Jazz de la Universidad de Sevilla. La energía que desprendían un tal Jorge Rossy a la batería y unos tales Chris Cheek y Seamus Blake a los saxos me dejaron impactados. Aquella banda no duró mucho pero desde entonces los he perseguido, buscando sus discos en el sello FSNT y yendo a los conciertos de sus miembros. Pude ver a Jorge Rossy hace tres de años con su quinteto y a Seamus Blake lo conocí en un fallido concierto. Así que me alegré mucho cuando me enteré que gracias a Assejazz vendría a tocar Chris Cheek con un quinteto en el que también estaba Jorge Rossy.


Sabia de antemano que iba a ser un concierto delicioso. Primero por ser quienes son. Segundo por presentar un disco maravilloso como Saturday Songs (2016). Y tercero porque estando detrás Assejazz y en el magnífico marco del Monasterio de La Cartuja el disfrute está garantizado. En la formación, además de Cheek y Rossy, están el bajista Llaume Lombard y los guitarras Jordi Matas y Pierre Perchaud. Estos últimos no son los que grabaron el disco junto a Chris Cheek y quizá se eche en falta ese pedal steel de la grabación original en las manos de David Soler pero en contrapartida los temas sonaron con más brío, con más ritmo. Y eso que me confesaba Javier Delgado (presidente de Assejazz) que Jordi matas se había preparado los temas en el tren de Barcelona a Sevilla.


El repertorio fue casi en exclusiva el citado último disco de Chris Cheek, Saturday Songs, tocado íntegramente de pé a pá, en el mismo orden del disco. Tan sólo hubo tres concesiones fuera del disco, una al principio, otra justo a la mitad y por último en el bis. Chris Cheek alterna saxo soprano con saxo tenor y las guitarras de Matas y Perchaud alternan protagonismo. Uno con una Gibson 535 y otro con una Telecaster. Dos guitarras muy rockeras para un combo de jazz pero que bien dominadas y domadas consiguieron el perfecto clima que requiere las composiciones de este disco. La parte de pedal steel estuvo bien cubierta por Jordi matas con el slide y un buen conjunto de efectos. Se lo curró.


Y en fin. ¿Qué decir de la parte rítmica con Jaume Llombard y el gran Jorge Rossy a la batería?. Quien no conozca a este tipo que eche un vistazo en internet a su currículum de vértigo. Y además es un tío super amable, simpático y accesible que no tiene inconveniente en compartir cerveza contigo en la barra tras el concierto y hablarte de sus siguientes bolos y proyectos, de lo divino y de lo humano del mundo del jazz, y de lo bien que se lo pasa tocando en un sitio como éste con esa cercanía con el público. Un público afortunado diría yo. Éramos apenas cuarenta personas.

Fotos de Jesús Mayora.

Setlist:
Water Mile
String Finger
Ginger Something
Eye Factory
Bucky's Blues
Either Way
Slow Ships
¿¿??
Saturday Song
Alhambros
Forever Green
Strawberry Jam
While You Sleep
Windmill Hill
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Along the Santa Fe Trail